37 años después

Treinta y siete años de ensangrentado camino,
de escombros, de dolor y de hierros,
de furias y de desengaños…
y a esto llamas progreso.
 
…a esto vienes llamando democracia, años tras años,
desarrollo y bienestar de los pueblos,
¿Cómo te atreves, dictador?

Esta larga vida y época vivida son más de sufrimientos
que de armonía y la felicidad…
No creo en los demonios
ni en los ángeles de la eternidad.
 
Ay, lo que duele la vaciedad, las largas veredas
huecas y las llagas causadas. El desvanecer de la esencia pura,
obligada a perder todo en los cauces demenciales de una dictadura
cualquiera, y longevas como la de 37 años sin glorias.
 
Escupe tú, guineo-ecuatoriano,
de tu boca el recelo y el sí a la dictadura
que cicatriza la luz. Provoca convulsión al tirano,
no importa el golpe ni la tortura.
 
Escombrosas y espígales senderos cultivas, 37 años,
¿A dónde te llevaste a la de virtud,… y la cultura?
Purpuras mal todo sobre ensangrentados paños;
luego jactas e imploras la paz, ¡locura!
 
No creo en los demonios
ni en los ángeles de la eternidad…
Soy de carne y huesos: Tierra y barros.
 
Si en mí se cuece la enigmática y mágica pelea de ambos,
pues vivo en la crueldad y bondad de los prójimos;
si en algo he ofendido, Dios,
pido clemencia, pido piedad.
 

Por Francisco Ballovera Estrada.

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