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AQUÍ NO ESTAMOS SOLOS. De Francisco Ballovera Estrada

Como viriles, jinetes
y héroes nos lanzamos al trepidante vacío,
en busca de nuestra libertad;
en medio de luciérnagas nos caemos.
…Con beso azul juvenil hipnotiza,
con veloz aire volador precisa
y, con vejez mirada ardiente del sol justifica:
Aquí no estamos solos.
Las huellas humanas son de hiel…
descontroladas, inseguras…
y sin embargo, las avispas incitan mi alma
mientras aún van volando las moscas,
pendientes para abalanzarse sobre fiambres caídos.
No nos caemos, no. Seguimos adelante;
contra el trémulo vacío,
en busca de nuestra libertad.

IDENTIDAD CAÍDA, de Francisco Ballovera Estrada / “Vertiges”, de Francis Denis.

Tuerces las lenguas,
dilapidas asimismo las culturas
y las tradiciones, oh, las tradiciones;
solo tú,… Solo tú.
Abalanzas a todos a la promiscuidad,
a adaptar cantos de otros mares
y revoloteas nuestras equivalencias;
solo tú,… solo tú.
Ay tú, treinta y siete años,
año de atrincherar mina en cerebro
y a flor de orientes sin oriente;
solo tú,… solo tú.

Vertiges
Vertiges

 

El hambre, de Roberto Zamudio. Arte de William Blake.

El hambre
 
aunque ya hayas falsificado tu acta de defunción
volverás del océano para reposar la sangre
sobre tierra firme,
de la tierra de los bolsillos
sólo se piden monedas,
de la tierra de los bolsillos
se hacen grandes cosas
para recordar las pequeñas
dispuestas a la luz del sol
rodeando el estómago desnudo
que podría haber sido
también el de una desconocida
que recostada en la tierra
sobre su espalda manchada
miraba las nubes pidiéndote un sólo vehículo
para viajar hasta la muerte.
 
volverás haciendo preguntas
sobre los vidrios rotos de tu casa
y de las huellas del cachorro
acomodado en la esquina de la cocina
bajo el calor de los ventanales recalentados
cuyas huellas confundiste primero
con las de tus hijos veinte años atrás.
 
si los encontraras ahora, de seguro que no te
reconocerían.
sólo verían a un tipo decente
con la mirada confundida
quizás a minutos
de comenzar
a beber de nuevo,
y a patear los postes de teléfono.
de seguro me saludarían
sin saber mi nombre, son buenos muchachos;
los mejores de su generación, sin duda.
recuerdo con que precisión cuestionaban
las tareas que se les encomendaban,
y después salían a jugar riendo y burlándose
de lo que habían visto en la televisión.
teníamos verdaderos amigos
con los que salir a ver los relámpagos
con la esperanza inútil
de que alguna vez viéramos caer uno que iluminara
algún terreno baldío.
respetábamos el sonido del trueno,
cada uno, yo creo que a su propia manera,
y con el mismo acuerdo de dedicarse unos segundos
para crear y decir una frase que describiera
el hambre insaciable
por ver las imágenes de los ancestros regresar
de los rosarios que santifican
nuestras camas…
 
Roberto Zamudio
 

Autor: William Blake Obra: "Nebuchadnezzar"
Autor: William Blake
Obra: “Nebuchadnezzar”