ODJAMA

Érase una vez…  Un animalito llamado Odjama quedó atrapado en una trampa de alambres, de la cual, en esta ocasión, tuvo la suerte de salvarse. Pero el alambre le produjo una pequeña herida en la cola que le provocó una llaga que, cada día que pasaba, se iba agrandando.

Los demás animales le decían:

—Ten cuidado, señorito Odjama; debes cuidar esa cola; se te está infectado la llaga.

—No os preocupéis, amigos; todo irá bien; solo se trata de una pequeñez —les respondía Odjama.

Al cabo de unas semanas, le volvió a repetir otro de sus amigos:

—Señorito, ten cuidado con esta cola, algún día la vas a perder.

—No pasa nada –le aseguró Odjama con una sonrisa.

Hasta que, una mañana, paseando ambos por el bosque, su mejor amigo le preguntó:

—¿Qué te ha pasado en la cola, amigo Odjama? Parece que la tienes más corta.

Asustado, Odjama pasó la mano por su parte trasera y se llevó la inmensa sorpresa de que la cola se le había caído sin que se diera cuenta.

De esta manera tan tonta, y por su dejadez, Odjama perdió la cola. Y lo más curioso de la historia es que, cuando nació su primer hijo, salió con la cola corta. Y los nietos también. Y así sucesivamente, hasta hoy: toda la especie Odajama tiene la cola muy cortita.

Y de allí el sabio refrán que dice:

“ASÉ DJAM, ASÉ DJAM, ANG’ÁKIG ODJAMA NGÉM”

(No se preocupen, no se preocupen señores, fue el detonante de la pérdida de la cola del animalito odjama).

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