Poesía Mapuche: La utopía de la convivencia

Comentario sobre la poesía mapuche contemporánea, donde se reflexiona en torno a su evolución, su tránsito de la oralidad a la escritura, y sobre el rol de resistencia política que ha adoptado en este último tiempo, con la intención de hacer convivir dos sociedades -la chilena y la mapuche- que hasta el día de hoy no han podido reconciliar sus diferencias.

Por Roberto Nieri

Durante la última década, la poesía mapuche se ha consolidado como una de las corrientes más prósperas y prometedoras dentro del ambiente literario local, con numerosos autores trabajando en distintos niveles, publicando periódicamente y recibiendo por parte de la crítica especializada un merecido reconocimiento.

Entre los galardonados desde el retorno a la democracia se encuentran el poeta Leonel Lienlaf, quien abrió esta puerta en 1990 cuando recibió el Premio Municipal de Santiago; Lorenzo Aillapán, con el Premio de Literatura en Lengua Indígena de Casa de Las Américas de La Habana en 1994; el premio Pablo Neruda fue concedido a Jaime Huenún el 2003; y Elicura Chihuailaf, recientemente nominado al Premio Nacional de Literatura, acaba de recibir el Premio Jorge Teillier de Poesía, otorgado por la Universidad de La Frontera, solo por nombrar algunos.

“La poesía mapuche es en Chile –por calidad y originalidad-, una de las más importantes expresiones artísticas surgidas en los últimos 20 años. Una cantidad considerable de voces, con filiaciones y estilos poéticos distintos, dan cuenta de este fenómeno, en el que la recuperación de la identidad cultural es uno de sus temas fundamentales”, señala sobre este fenómeno el poeta César Cabello, en la introducción del libro “Epew-Fábula: nuevo imaginario visual de la poesía mapuche contemporánea” (2008), un libro que pretende acercar y hacer visible la poesía mapuche a la comunidad nacional a través del cómic y la ilustración.

Esta publicación resulta representativa de la poesía mapuche y tal vez de la literatura indígena latinoamericana, ya que contiene en sí un intercambio cultural y artístico, una mezcla de voces y lenguajes, donde además se pone en evidencia el rol profundamente político y reivindicativo que impera en la poesía mapuche, a veces invisibilizado por las exhuberantes referencias a la naturaleza y a la cosmovisión indígena.

Como señala el mismo César Cabello, los cinco poetas incluidos en esta antología (Maribel Mora Curriao, Juan Pablo Hurimilla, Jaime Huenún, César Cabello, y Bernardo Colipán) comparten “tanto la calidad de sus propuestas estéticas como su opción manifiesta de reapropiarse cultural y escrituralmente de los temas y recursos de la tradición poética de occidente, como una forma de enfrentar y resignificar ‘lo mapuche’, alejados ya de las connotaciones de folclore y exotismo que todavía suele adjudicársele a esta poesía”.

En ese sentido, la poesía mapuche actual tiene una característica fundamental, que se repite en los textos de todos los poetas de esta etnia, en mayor o menor grado, que es aquella relación de diálogo y mixtura en que posicionan entre la tradición mapuche y la cultura occidental. Mediante la estructuración de textos formados por una mezcla heterogénea de elementos de origen europeo, indígena, mestizo, antiguos y modernos, arqueológicos, folclóricos y reciclados, textuales y no textuales, los poetas reducen la separación que existe entre el mapuche y el chileno, planteando en la poesía, como una opción real, la interculturalidad como un modo de convivencia plena que no ha existido en la práctica.

El reconocido poeta mapuche Elicura Chihuailaf ilustra brevemente esta situación cuando dice en sus versos:

“Mas en mi alma -en mi sueño- la música
de la confusión
agita sus alas y no veo a mis hijas
ni a mi mujer
ni a mis padres. Y el tiempo los lugares
son el Metro de Santiago de Chile
con puertas que vertiginosas se cierran
se cierran
(y los amigos que debían estar
el rumor de los bosques que se fueron)”.

Al presentar sus poemas en su propia lengua y en castellano simultáneamente, -como hace Chihuailaf de forma recurrente-, al incluir discursos explicativos sobre asuntos menos conocidos por sus lectores, en especial chilenos y mapuches alejados de su cultura, los poetas amplían el ámbito de la recepción y se ponen al servicio de la mediación política, intentando que los chilenos comprendan su cosmovisión, en vista de que el discurso público de sus organizaciones y representantes no lo consigue, tanto por el manejo mediático que se hace al respecto como por la radicalidad de sus demandas.

Uno de los poetas jóvenes más reconocidos por la innovación lingüística de su poesía es David Añiñir, quien se crió en la periferia de Santiago y desde esa marginalidad dispara sus versos violentamente melancólicos. Añiñir utiliza y se apropia constantemente de símbolos y referentes ajenos a la cultura tradicional mapuche para definir su propia ‘hibrides identitaria’ como mecanismo de resistencia, resquebrajando las estructuras culturales esencialistas, aceptando el dinamismo simbólico y el mestizaje cultural que opera desde los procesos de colonización y que actualmente se acentúan en el contexto de la globalización.

En uno de sus poemas, Añiñir, quien patentó el término ‘mapurbe’ para referirse a los mapuches que como él desarrollan su vida en la ciudad, se refiere al héroe mapuche Lautaro, con conceptos de la vida urbana y tecnológica característica de la metrópoli, retrotrayendo al líder indígena a nuestra época, en la que irrumpe con su sello de irreverencia y rebeldía:

“Ciber Lautaro cabalgas
En este tiempo tecno-metal
Tu caballo trota en la red
Las riendas son un cable a tierra
Que te permiten avanzar
Como un werkén electróniko
De corazón elec-trizado.

Lautaro
Montado sobre este peludo sistema
Cabalgando en la noche
Pirateando sin miedo el medio
Chateando cerebros y conciencias
Pasando piola en la red
Atorando la flema…”

Vemos como en esencia, es una poesía que está asumiendo el proceso de migración forzoso del campo a la ciudad, orquestado por el Estado a través de sus políticas de integración cultural, que han resultado en la expansión hacia sus comunidades de las inversiones forestales, hidroeléctricas, acuícolas, así como en la apropiación de sus recursos naturales; los altos índices de pobreza de las comunas con alta población mapuche no son producto del azar.

La poeta mapuche Eliana Pulquillanca recuerda en este poema su propio proceso de inmigración forzada, cuando a los 16 años debió abandonar su comunidad de Piutril, en la provincia de Valdivia, para conseguir trabajo en Santiago y así ayudar a su familia, desempeñándose hasta la actualidad como asesora del hogar:

“Los zapatos de invierno,
un bolso de lana,
de Estación Mariquina
una tarde se vino.

Por la madrugada
el vagón 1981
la gran ciudad le mostró.

Distantes quedaron
los campos de su Valdivia natal,
el amable Calle-Calle,
los volcanes de sombreros blancos
donde anidan los espíritus,
los lagos de aguas mansas
allá por el verde sur”.

A lo anterior, podemos agregar que miles de mapuches que viven en la urbe se desempeñan en labores de la temporada agrícola en la zona central, por lo que la población ha comenzado a concebir su identidad desde más de un espacio territorial. En ese sentido, es importante reconocer la existencia de los mapuches rurales y urbanos, así como elconsiderable proceso de reagrupación que se ha producido entre las organizaciones que, mediante asociaciones literarias, radios comunitarias, clubes deportivos, centros medicinales o culturales, entre otros, se han propuesto recuperar la identidad mapuche y defenderla desde su situación de urbanidad.

El investigador Hugo Carrasco dice, a propósito del “libro azul” de Elicura Chihuailaf, que ha sido la memoria un punto fundamental que ha permitido esta subsistencia extraterritorial para el pueblo mapuche: la memoria es el camino y la brújula que permite la salida del mundo urbano (la sombra, la ciudad), para descubrir y redescubrir, para encontrar y reencontrar en forma constante los elementos de la historia perdida y de la identidad latente. La poesía, en cambio, permite incluirse en las transmutaciones de la ciudad en mundo natural, y de la sombra en azul, a la vez que se constituye en posibilidad y medio de permanencia de la memoria en el texto del mundo histórico de la modernidad.

Eliana Pulquillanca comenta al respecto: “Uno nunca deja de llevar la imagen del pasado de su comunidad, aunque estemos acá arriba del cemento, tenemos que continuar viviendo y a cómo de lugar, en medio de toda esta vorágine capitalina, con todos sus males; tenemos que asumir nuestra propia condición de personas, de seres, y de nunca dejar de ser, porque esa es nuestra resistencia, una resistencia cotidiana”.

Pero esta integración del trauma histórico y social no es inocente, sino que contiene una estrategia casi militar, en el sentido de que los poetas levantan su creación como un arma, como una nueva modalidad de expresión de su cosmovisión ancestral, defendiendo de este modo un saber que no haya cabida en los canales tradicionales de diálogo social.

En otras palabras, como decíamos anteriormente, los poetas mapuches plantean en su literatura la realización de la “utopía” de la interculturalidad como forma de convivencia social. En cierto sentido, la poesía etnocultural no es el modelo de una situación de hecho, sino más bien de una aspiración de muchos habitantes de la sociedad chilena que la desean y que están realizando acciones para que esta situación se extienda, no es el reflejo de la sociedad, sino la expresión de un modo de ser y de creer, de un proyecto social utópico que representa a algunos sectores de ella.

Eliana Pulquillanca reconoce sentirse parte de este sentimiento cuando dice: “Lo principal en mi poesía es que si a la gente le gusta por ahí engancha con algo que se siente identificada. Uno habla de temas diversos, y eso hace que más de alguno se sienta identificado y solidarice. Los temas de la mujer, los ambientales, tocan una sensibilidad que hace que la gente te entienda mucho mejor. La poesía es un buen camino para llegar al otro, al hermano”.

En realidad, no se trata tanto de una nueva forma de mediación intercultural –nunca la poesía ha gozado de gran status diplomático- como de una urgencia vital, de una tregua que ambos pueblos reclaman, para, como dice el poeta Jaime Huenún, “asegurar la continuidad de la sangre más allá de su derramamiento”.

Evolución de una poesía con sentido

El investigador Iván Carrasco ha formulado una teoría general sobre el desarrollo de la lengua y la literatura mapuche, cuyo pilar fundamental es la transición que ha sostenido la lengua mapuche “desde la oralidad a la escritura”, como resultado de la interacción con la sociedad y la lengua y literatura española. La tradición etnoliteraria mapuche con sus manifestaciones de carácter oral, el canto y el relato, ha experimentado un proceso rápido de literarización que ha generado una literatura mapuche propiamente tal con géneros nuevos, entre los cuales se halla el poema escrito. Carrasco considera que este proceso se desarrolla en tres etapas: “oralidad absoluta”, “oralidad inscrita” y “escritura propia”.

La oralidad absoluta coincide en su mayor parte con el período prehispánico, en el cual la literatura mapuche es exclusivamente oral debido a la condición ágrafa de la cultura. En esta etapa, la palabra ocupa un espacio relevante en la vida social y los textos artísticos tienen una fuerte vinculación con las actividades diarias. El “ülkatun”, acto de cantar un conjunto de “ül”, que hoy por un hábito de comodidad etnocentrista se asimila a la poesía occidental, es una actividad que se realiza en contextos rituales, sentimentales, festivos, laborales, sociales como recibimientos o despedidas, etc.

El ülkatun no está regido, pues, por las reglas de autoría propias de la literatura occidental, sino por normas grupales de identidad y participación propias de sociedades caracterizadas por el alto grado de uniformidad, tradicionalismo y estabilidad de sus pautas culturales. Lo mismo sucede con el “tayül”, que es la poesía religiosa, que generalmente usan las machis para inducir al trance, acompañada de una hermosa melodía y de un ritmo especial del kultrun, en cuatro tiempos; el “petukún”, que va desde el “mari mari tun”, que es saludar: desear diez veces el absoluto; y los cantos del “nguillatún”, muy similares a la poesía religiosa.

Jaime Huenún señala que ésta es la principal característica de la literatura de los pueblos originarios que predomina hasta la actualidad, y esto es que “la literatura sigue obedeciendo a principios o categorías que no son precisamente las características de la literatura occidental, del siglo XX, de las vanguardias en adelante, pues sigue siendo una literatura que arraiga en la colectividad, o que pretende ese arraigo en la colectividad”.
“Sigue siendo una literatura que tiene una función pragmática, porque para los pueblos originarios las expresiones estéticas verbales, de carácter oral, tienen una función, no son solamente expresiones floridas, con una estética diferenciada del habla común, sino que mediante la solemnidad, mediante la utilización de ciertos recursos retóricos, se pretende algo, se busca impactar, se busca seducir, confirmar, memorizar, rememorar, se busca rearticular una serie de relatos anteriores. La literatura occidental contemporánea apuesta a una estética basada en el lenguaje por el lenguaje, apuesta a una originalidad creciente, aun cuando hay vínculos entre escrituras por lo demás, apuesta por el autor individual, en literatura occidental y en arte occidental principalmente identificamos al autor”.

En el libro “Un pueblo sin Estado: Mapuche, gente de la tierra”, de la periodista Malú Sierra, el poeta Leonel Lienlaf discrepa de este “absoluto” de la oralidad de la literatura mapuche, en cuanto considera que la literatura escrita mapuche siempre ha existido.

“El problema occidental es que se ha confundido la escritura con el alfabeto griego y latino, tal como confundió, concertadamente, la alfabetización con la castellanización. Algo que sesigue confundiendo en Latinoamérica. Que no es lo mismo. Con esos parámetros ni los chinos ni los japoneses tendrían escritura, porque no son alfabetos… Teníamos escritura. Está en los símbolos, en la platería, en los textiles, son historias que se tejen allí (lo que nos recuerda el origen del ‘texto’ como ‘tejido’). El soporte es otra cosa. Como los que dicen que publicar en otro formato que no sea el libro no es una publicación. El soporte no tiene importancia. La manta de un lonco contaba su historia y dónde pertenecía y cualquier persona sabía quién era. Eso es escritura, porque todo lo que puede ser leído es escritura”.

Algo de esto podemos leer en estos versos del mismo poeta, cuando se refiere al conflicto idiomático entre el español y el mapudungun -que vivió en carne propia en sus tiempos de escolar-, y al carácter eminentemente oral de ésta última lengua:

“Mis manos no quisieron escribir
las palabras
de un profesor viejo.
Mi mano se negó a escribir
aquello que no me pertenecía.
Me dijo:
‘Debes ser el silencio que nace’
Mi mano
me dijo que el mundo
no se podía escribir”.

Luego, la oralidad inscrita se produce cuando los contactos entre la cultura mapuche y la cultura mayoritaria influyen en la etnoliteratura mapuche de tal modo que ésta se empieza a adecuar a las posibilidades de la escritura. Esto se inicia con la transcripción de textos en mapudungun y su traducción al castellano, por parte de los misioneros europeos y por los investigadores chilenos (como los misioneros jesuita Luis de Valdivia, Andrés Febrés, Bernardo Havestadt; el lingüista y filólogo alemán Rodolfo Lenz; el misionero capuchino alemán Félix José de Augusta; Ernest Wilhelm Moesbach; Ricardo Latcham y Tomás Guevara Silva).

Según el investigador, el cambio fundamental se produce en la etapa de ” recepción”, ya que la transcodificación de los textos los hace accesibles a un público mixto más amplio que la comunidad mapuche, de manera que la etnoliteratura mapuche sobrepasa sus límites culturales y prepara su incorporación al contexto de la literatura chilena y universal, aunque su contenido sigue siendo intracultural. Comienza la transformación del sistema discursivo mapuche y su expresión artística al mezclar categorías provenientes de tradiciones textuales y culturales diferentes: una ancestral, oral, normativa, y la otra escrita, moderna, plural, variable.

La escritura propia o literatura mapuche propiamente tal se produce como resultado del dominio del proceso de literarización ya iniciado en la fase anterior; es una literatura escrita por autores mapuches en que “la codificación del texto es realizada en forma autónoma con respecto al canto y la narración oral”, en la cual el autor es un creador individual consciente de su arte y que, independiente de un público en el momento de la producción textual, escribe de acuerdo con su particular concepto de literatura, pudiendo o no asumir latradición. De este modo, el escritor, junto a su rol de continuador de la tradición, asume
también el papel de innovador de la misma.

Para Huenún, esto ha generado en gran parte de los escritores mapuches una serie de complejidades que tiene que ver básicamente con su formación, pues formarse en la escuela chilena, si bien te entrega muchas herramientas, te quita una memoria y te instala en una linealidad discursiva, en el discurso científico, en la occidentalización que hace el canon literario, y no solo el literario, sino el canon social, político, económico.

Respecto a este complejidad que vive Huenún, Carrasco señala que la necesidad de reflexión del poeta mapuche sobre su propia actividad textual responde a la conciencia o “la intuición de la situación de transición en que se encuentra la expresión mapuche tradicional al cruzarse y mezclarse con las conceptualización literaria moderna de origen europeo, lo que hace necesaria la reflexión para comprenderse mejor en cuanto escritor representante de una minoría étnica y para ubicarse en un nuevo campo de acción discursiva”.

En ese sentido, Leonel Lienlaf, tras ganar el Premio Municipal de Literatura de Santiago, decía: “Es una responsabilidad que me obliga a asumir un rol intelectual frente a mi propia poesía porque hay una cultura atrás mío. Todo lo que haga irá en perjuicio o beneficio de la cultura mapuche”.

print

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top