Octubre 6, 2011

La Mente del Fuego por Mariana Garrido

La mente del fuego es un espacio donde convido a los lectores con un nuevo autor que recorre el mundo virtual como un alimento que degustar, que nutre y enciende. Desde mi visión y percepción como colega. Son autores que además de tener sus ediciones impresas, o no, utilizan blogs y redes sociales para compartir su obra y ser puente para el querido papel. De esta forma, hace ya varios años se viene tejiendo una red entre escritores de habla hispana, que sigue creciendo día a día y va creando cientos de rutas que se unen y conectan entre sí. Esto se refleja en la cantidad de encuentros internacionales, festivales de poesía, concursos, lecturas a la que la gente accede con el respeto del silencio y la posibilidad del debate. Poesía que va saliendo del papel, sin perderlo (es el cuerpo que transporta) pero llegando de manera mas rápida y recibida con menos miedos y prejuicios por un público que va abriéndose. Todos unidos por la misma necesidad de hablar, de ser leídos y escuchados, de pertenecer y ser parte activa en los cambios de la sociedad, en el avance. Con lucha pero a la vez con la belleza del arte, de la voz, de la expasión sin fronteras.

 
Columnas Publicadas:
 
La propuesta literaria de Mónica Gameros
Reseña a Damián Ríos
El trabajo de la poetisa Claudia Masin
 
 
 
La propuesta literaria de Mónica Gameros (En Revista Río Negro 8 )
 

Hace unos meses, con admiración a los estudiantes chilenos escribió “Hoy soy la mecha prendida/ la tinta vuelta transformada gasolina/ la voz sumergida en indignación (…) porque si no es en medio de la guerra que se tiene que hacer poesía/ no lo será tampoco en medio de la calma/La verdad no entiendo la paciencia/ la verdad/ hoy/ soy una bomba molotov”

Mónica Gameros, nacida en 1971, México DF. Poeta y editora independiente, creadora de Start Pro con Israel Miranda, dio inicio a la Poesía de la Era del Vacío que compila su obra y la de 40 poetas mexicanos dentro de la Colección DESTOSDEMEDOS. Además es periodista, productora de radio, fotógrafa y artista visual. Todo un cóctel explosivo para la creación literaria de una poesía aguda, también en formato cuento, en tiempo real que yace frente a nosotros como un televisor, como un diario que no esquiva el día a día, los sucesos cotidianos así como los trascendentales “Ser feliz es accesible/ Se compra en cajitas con diasepam/en té relajante/ en una montaña de tabaco”, desigualdad social, la lucha contra los poderes unilaterales que desplazan a los marginados en cada rincón del mundo.

Su pasta de periodista le hace hincar el diente en la política, la realidad latinoamericana, que defiende enardecida y lleva como bandera en este fragmento de historia en la que vivimos, donde las revoluciones y el levantamiento de la sociedad reclama ante el abuso “América/ del trigo vengo & el maíz está en mi sangre/ soy mar/ del río caigo/ Soy espada/ soy jade/ soy guerra/ violencia/amor impuesto”.

Su faceta visual traslada a una imagen sacada por una cámara desde sus manos, a mirar junto a su ojo detrás del visor, a una visión de testigo invisible en medio de la guerra, de una ciudad sin pausa, desde el centro de una flor donde a pesar de todo se siente niña “soy palabra en medio de la niebla, una cruz blanca en la guerra, una granada que cae entre tus hijos”

La sensación de esa bomba molotov que es, cargada de imágenes, franqueza, ganas de decir, porque esa es la única manera de ser escuchado, odiado u amado. Nos trae crítica pero no por ello le escapa a las metáforas y a la estética, a la naturaleza. Trae viento, huracanes, cerros nevados, fuego. Pero sobre todo mucho viento. El viento que todo lo arrastra, erosiona, que pule las ideas dándole la belleza de un acantilado tallado. La naturaleza presente, como la energía que de ella brota, desde el centro de la tierra, naturaleza que se revela frente al hombre, que al fin y al cabo se ve disminuido frente a lo sublime“No tiene sentido acrecentar los miedos/ carece de importancia/ la libertad completa y absoluta es como romper el viento”

Tiene tanto para decir, que “Las palabras se me escapan/ los calificativos son inútiles/ no alcanzan para describir lo que dentro de mí estalla.” Su fuerza en la palabra se acrecienta y es capaz de reconstruir paisajes como destruirlos “a cuatro manos arranco latidos al tambor de la creación/ mi mano izquierda es lengua de fuego/ ojos por huellas/ llagas por palmas/ destruyo al universo”

Y de la guerra atraviesa un puente hacia el amor, que es más o menos lo mismo, protagonista, alimento de esa lucha constante que puede tambalear frente al poder del adversario“Es raro el amor/ es un monstruo que nos aguijonea y luego nos abandona en el basurero/ a merced del idealismo/ del vacío/ de la adicción”

Todo este cóctel se sitúa en la boca de Mónica Gameros, y leerla es involucrarse en su lucha, en su desparpajo, en el campo de batalla en que se encuentra la palabra, nuestra mejor arma que antecede o acompaña a la acción que moviliza masas, y abre mentes con un trozo de corazón en las manos, con el amor a lo que le pertenece y nos hace ante todo, instituciones personales parlantes.

 

Sobre Monica Gameros:
Blog: http://monicagameros.blogspot.com
Contacto: monicagameros@gmail.com


 
Libros publicados:

Kronos 2006
Caída libre 2007
Estación fin del tiempo 2008
Ideas para volar 2009
Estallido 2010
Notas del refrigerador 2011
Dasein la niña flor 2011
Made in Taiwan 2011 

Reseña a Damián Ríos
 
 

Damián Ríos nació en Concepción del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos, Argentina, en el año 1969. Desde 1991 vive en Buenos Aires. Editor, poeta y novelista. En 2002 co-fundó el sello Interzona editora, de la cual fue director editorial hasta mediados de 2006. Gran lector de poesía contemporánea.

Como viene sucediendo gracias a encuentros de lecturas que proliferan día a día, escuche la poesía de Damián antes de leerlo, en un video del festival de poesía Yo no Fui, proyecto artístico y cultural que se realiza en los penales de mujeres de Ezeiza y, afuera, con las mujeres que salen en libertad. Mas allá de la intensificación de un hecho tan movilizador como este, y de esa serie de lecturas, fue mas que suficiente lo oído para buscar su obra, para leerla y en cada poema escuchar su voz como plus. La fuerza y naturalidad con la que se expresa y llega al oyente/lector, intacto, con el tono y vida que merece cada palabra, los silencios, aceleración y sencillez del habla pronunciando un mensaje concreto. Diciendo lo que quiere decir, lo que necesita.

Su obra se basa en el elemento autobiográfico, historias en primera persona en los que prevalecen actos que conforman la cotidianeidad en estado puro, la descripción de actividades con amigos, entornos laborales y las relaciones que allí se generan. También están presentes sus gatos, acciones y visiones de la ciudad, cómo capta su alrededor “Al otro lado de esta ventana que le da sentido/se pone un sol debilitado/las sombras de los edificios se alargan/y dibujan líneas rectas, irregulares/sobre los techos del pulmón de manzana/dónde un obrero vestido con pantalones/de grafa y pullover azul/patea el esqueleto de un paraguas/que dejó allí una tormenta muy vieja”

Por momentos vuela al pasado, anécdotas de su infancia, de amores vividos, anécdotas con su padre y su familia, pero de pronto volviendo al hoy, sin nostalgia, con cariño por la vivencia como parte y ramificadora del presente “Papá me enseñó a contar y a leer antes incluso de que entrara en el jardín de infantes. Me mandaba a la calle para que juntara piedritas parecidas y después se tiraba en el suelo conmigo en el medio del patio. Mamá a veces le traía el mate. Una vez que aprendí a sumar y restar, se puso en el trabajo de enseñarme a multiplicar. Me acuerdo que reunía piedritas en grupos de dos y tres y empezaba transpirar porque yo no entendía (…) sabía perfectamente lo que quería y cómo. Ahí está en definitiva su victoria, vamos a llamarla así. Es el recuerdo más lejano que tengo de alguien que quisiera ayudarme a pensar.

Los relatos donde hay pasajes de la infancia tienen aroma a su ciudad natal, al contacto con la naturaleza, con el río, con el barrio y la tranquilidad, la inocencia “Empecé otro sobre bichitos de luz, aviones y ruidos de gente sola que se conecta a cualquier hora o llama por teléfono y todo se mezcla con el pedo de mi viejo un verano a las tres de la tarde, cuando no es mi viejo todavía, es mi papá, y falta un rato para que empiece a entender, tengo los pies metidos en el barro (…)y soy esta sombra buscándole la vuelta a su poema, se me va de la cabeza, mi viejo no deja de sorprenderse mientras mete y saca la rama del agua, le pone el ojo, digamos, y después lo mira al titi que asiente y mi primo me codea (están en pedo, dice) y a mí me gustaría poder contar ahora una historia, sólo para ser bueno, sólo para salvarme, que tiene a una chica apenas iluminada por el resplandor de su pantalla a las tres de la mañana, el pelo negro (…)El ruido de la noche es igual y distinto en todas partes: es el ruido del teclado, de las ranas, de las puertas, del/ ventilador de la cpu/de la respiración pesada de los que duermen bien/de la liviana de los que duermen mal/de los ojos bien abiertos de/los que no pueden dormir y agarran un cigarrillo con la mano izquierda y con la derecha el encendedor, e inclinan apenas las cabezas que ahora también resplandecen, débiles/Buenos Aires es un panal/de bichitos en el horizonte”

Maneja descripciones tan objetivas que se vuelven emotivas en la sucesión y la toma natural de los hechos en la punta del ovillo del instante, que es tomado por las manos del tiempo, de la belleza detenida para su magnificación “La gata mira su reflejo en el vidrio de la mesa y después me mira a mí. No va a llover, habrá que aguantar/esta cerrazón que apenas humedece las baldosas/ flamantes del pasillo y desacomoda los huesos de los viejos./Me arrimo a la pantalla y te nombro/estás en la palma de mi mano ahora/te paso a la otra mano con mucho cuidado/y te soplo o quiero despeinarte, respirás/De nuevo la novela de visitarte bajo la parra/abrigados del solazo/el ripio de aquella tarde/La conversación se atrasa entre viajes a la pileta para meter/la cabeza abajo de la canilla/Dan ganas de que sea/una mañana de invierno/la helada blanqueando los pastos/ hombres haciendo sonar las cadenas de las/bicicletas mientras encaran despacio cuesta arriba/ las manos enguantadas apretando los manubrios/ Pero es verano y el calor de la siesta embrutece, apena/Tenés un pañuelo/un trapo con el que secás tu frente a cada rato/Hay platos sin lavar y la ropa colgada gotea/Olor a que ya comimos hace un rato/No vamos a decirnos nada/Ahora acerco/la mano y soplo para quedarme solo de nuevo”

También se encuentra en varios poemas el humo, el cigarrillo y su ritual.

En un tramo del poema Un aparato muy triste puede leerse “Alguien marcó un número de/teléfono y preguntó que vas a hacer, nada, salir/a comprar cigarrillos. Fumar/Fumar en aulas/ vacías/ en paradas/ de colectivos/ fumar/nerviosos/ tranquilos guardar/ humo/ en los pulmones/ después/dejarlo ir”. En Humo en remolinos lentos, café “Es sabido que los americanos/ no saben/de café y sin embargo/ acá hay gente que les copia. Hay algo/si/ algo/lento en el humo del cigarrillo/ que asciende/ en la noche quieta/ acelerando al llegar a cierta altura/ Remolinos/¿Alcanza con hablar de remolinos de humo/ tabaco/ y café frío en vasos descartables? /Así/ liviana/la noche/ se para encima de la mesa/se queda parada/ así”

Hay tramos para sus reflexiones y pensamientos, que se cruzan entre descripciones, en charlas con alguien, espontáneas “Pero sé quien soy, lo sé, cierro/los puños, me revuelco/me arrastro, rompo un plato, un libro/No puedo parar el llanto de una mujer/no puedo parar de llorar/nunca tuve huevos/estoy triste ¿Cómo anda la cosa/por ahí? ¿Estás bien? Te quiero mucho/Quisiera quedarme tranquilo/ preparar el mate, llamar por teléfono, no pensar/no despabilarme, son órdenes: levanto la vista/miro el cielorraso/cuento los pisos de los edificios las ventanas/la cantidad de gente en una esquina/en un piquete/en un colectivo/28 sentados/22 parados/el chofer”

Haciéndole honor al apellido y a su provincia natal, su obra es como un río. A medida que se aleja de su nacimiento, fluye en la dirección y forma de la naturaleza geológica del terreno. Su curso está determinado por la pendiente, y se dirige por el camino que ofrece menor resistencia hacia la desembocadura, siguiendo las grietas con la naturalidad que lo rodea, el paisaje en todos sus detalles de color y texturas que se levanta a los lados del agua que corre, y refresca, despierta.

 

Una de sus lecturas en el Festival de Poesía Yo no fui:
 

 

Damian RíosHa publicado La pasión del novelista (Deldiego, 1998), Poemas perros (Belleza y Felicidad, 2002), El perro del poema (VOX, 2004), Habrá que poner la luz (Eloísa Cartonera, 2005), La misma luz en todas partes (2006), diversas publicaciones pequeñas, en el Diario de Poesía, Los amigos de lo ajeno, la antología en CD ROM Polvo (Voy a salir y si me hiere un rayo). En 2007 la editorial alemana Parasitenpresse antologó algunos de sus poemas y los publicó bajo el título de Überall das gleiche Licht.

Contacto: damianrios@hotmail.com

 
 
 
 
 
 
El trabajo de la poetisa Claudia Masin
 
 

Joaquín me prestó La vista, después de varios meses vuelve a él. Me costó dejarlo ir, pero vuelve a las manos que subrayaron con rojo las líneas que más le gustaban y hacían, certera e inmediatamente, que mis ojos se depositaran ahí. Gracias a él conocí la poesía de Claudia, y hay días en los que necesitaba abrir el libro en una página al azar y releer un poema. Lo extraño es que me producía la sensación de que era un poema aún no leído y, cuando me daba cuenta que no era así, seguía desmenuzándolo y sintiendo que tenía que leer nuevamente La vista desde un principio.Buscando información sobre Claudia Masin, encontré comentarios de personas que leyeron su obra y les pasaba exactamente lo mismo: leerla una y otra vez como si la sorpresa en el avistamiento del poema fuera con otros ojos, encontrarle otro significado pero no menos intenso, detalles que antes no habíamos visto, como cuando uno pasa todos los días por el mismo lugar, hasta que un día ves que una fachada tenía influencias neogóticas, o ves que cambiaron las plantas de una casa y te preguntás a dónde habrán ido, o simplemente le descubrís una imagen al contorno de una sierra, una nueva figura, o te das cuenta de una herida en tu mano que va cicatrizándose, sin saber cuándo fue abierta.

La vista contiene poemas inspirados en films, los títulos llevan sus nombres y fue editado tras ganar en España el concurso Premio Casa de América de Poesía Americana en el año 2002. Leyendo más acerca de su jugosa obra, aquí les dejo una pequeña visión desde mis ojos, una parte de lo que pude descubrir.

Poeta nacida en la Provincia del Chaco, en 1972, es psicoanalista y vive en Buenos Aires desde hace más de dos décadas. Como todo escritor influenciado por el entorno, Claudia sabe llevarlo en sus poemas: la tierra, la aridez de las sierras, naturaleza que rodeó su infancia, esas tardes calurosas de siesta en donde las ciudades calman y los que quedan despiertos haciendo frente al sueño, se hallan.

“Hay un ligero, sutil desasosiego en las largas horas de la siesta,
que hace que todos prefieran dormir. Aún así, resistías despierta.
Es extraño pensar en una vigilia en pleno día, cuando nada
escapa a la visión y cada sonido resuena
amplificado en el silencio.”

(fragmento del poema Poligrafía, de Geología)

La poesía de Claudia tiene mucho de infancia en la que tanto podemos caminar a través de sus palabras, correr, jugar, llorar en una cama, enfermos de algo que nos identifique el dolor.

“Hubiera permanecido
en la cama años y años, oyéndote contar
las historias de tu vida, no sentía
dolor sino una rara sensación de calma. Yo era un rey
y el tiempo, una ficción que otros, allá afuera, tramaban,
para derrocarme. Que ibas a llevarme, me decías,
a ver el mar, aguas termales, enfermeras sonrientes
y una playa. Había aprendido a vivir para tu mirada,
cada movimiento era un dibujo perfecto destinado
a deslumbrarte. No quería otras miradas sobre mí,
no hubiera sabido qué mostrarles”

(fragmento de Soplo al corazón, de La Vista)

La vuelta a la infancia, ese puente hacia uno mismo, ese lugar de la memoria en el que explora como la nena que es y fue, la construcción de su imagen, su sentir, su pensar, la fragilidad de la belleza efímera que logra transformarse en un momento de eternidad cuando volvemos a ella, en la búsqueda.

“cada uno encerrado en el pequeño universo
de su cuerpo, donde la memoria de la infancia
es un continente en miniatura que, como la Atlántida,
espera la creciente para ser olvidado”

(fragmento del poema Rouge, de La vista)

“no es al heroísmo ni a la astucia sino al azar o al misterio
que se debe el descubrimiento: ese cruce fatal, inevitable
entre quien busca y lo buscado, ese momento de arrebato y mutua
entrega. ¿Por qué debería ser fácil dar con aquello que esperábamos
ya de niños en el jardín del fondo de la casa,
sin saber que se trataba de una espera esa curiosidad honda
y atenta a cada ruido de la siesta, a una rama
que se agrieta en el calor, al paso de sombra de un lagarto
en la humedad de las paredes? ¿Por qué hemos olvidado,
si lo que sí sabíamos entonces es que es difícil
cierta clase de belleza, dar con ella, estar despiertos
cuando cruza por delante de nosotros, no para atraparla,
sino para quedarnos a vivir en la estela que deja?”

(fragmento del poema La estela, de La plenitud)

Circulando esa niñez, aparece el vínculo materno, un vínculo que como ella cuenta, tiene un valor perdurable por la intensidad y lo imposible de ese amor, que lleva la necesidad de ser perdido, para así poder acceder a la vida. Por eso lo trágico, dejar atrás un amor para poder acceder a otros amores, eso instala en nosotros la idea del amor como algo frágil.

“Entonces la luna se vuelve
una playa bañada por la luz del Mediterráneo,
donde jugaba de niño, No puedo volver a tomar
lo que he perdido, nadie puede. Si no está
permitido el regreso y no deseo avanzar,
quizás debería tener miedo, pero me enseñaste
a no temer, a estar despierto hasta tarde
en la casa desierta escuchándote cantar, con la promesa
de que el sueño llegaría. Aún soy el niño
que atraviesa la noche en su nave, un pequeño
astronauta, Hemos perdido contacto con la base,
nos hemos quedado solos aquí arriba, las constelaciones
y yo. Dame la calma, dame el silencio que acaricia,
no este silencio como aguja que cruza lentamente
las fronteras de las venas y apacigua
el rumor de la sangre pero no alcanza
a apaciguar el deseo de tocarte ¿Cómo voy a construir
mi casa lejos de la tuya, de donde van a sacar mis manos
el oficio de poner cada ladrillo uno encima
del otro para levantar una pared que nos separe? No sabría.
Me decías que algún día vendrían a buscarme
los extraterrestres, que yo no pertenecía a este planeta.
Nos reíamos. Yo desde entonces, no he hecho otra cosa
que preparar con paciencia mi bolsito a la espera
de que llegue ese día. Tu voz es el hilo de seda
que conduce a las ruinas de la luna. Madre -te dije-
no tengo sueño todavía.”

(fragmento del poema La luna, de La vista)

Las primeras muertes, el ocaso de la inocencia y lo palpable de la pérdida
aparecen en un plano que desborda el vaso del mundo hasta ahora ameno.

“Vi una vez, aquí, cerca del pueblo, un animal
agonizante. Había caído dentro de un pozo
de agua estancada. Imaginemos:
el animal va muriendo día a día, de a poco.
No puede moverse. El agua podrida le llega hasta el cuello,
¿le preguntarías a ese animal si tiene miedo?
Las tragedias son vulgares, ocurren todo el tiempo.”

(fragmento del poema La ciénaga, de La vista)

Su poesía esta llena de imágenes que desbordan los sentidos y van atándose a situaciones concretas, va y viene uniendo paisajes con los sentimientos de los protagonistas de sus poemas, hablándoles, mencionando diálogos con ellos: a veces ella en todas sus edades, a veces con una pareja, con la madre. Dispara pensamientos, da informaciones que ramifican el poema, dando ramas que brotan para dar protección, amparo, imágenes que sostienen al poema, como así raíces.

“Creí que la memoria era eso: una cascada cayendo desde un despeñadero, una corriente que arrastraría consigo al océano. No la insistencia del agua sobre la materia, el goteo, el trabajo de años para dejar una muesca insignificante sobre la piedra inerme. Hubiera deseado conocerte antes: dos chicas tendidas al sol de una terraza, en la siesta de provincia, quietas y alertas a la vez, como la vegetación del desierto, que parece dormir o estar quieta, y en cambio, cada verano deja surgir de entre las hojas algún color sorprendente en la monocromía de la arena. A veces te miro distraerte de mí, inclinada hacia el interior de tus propios recuerdos, atenta como un animal asomando la cabeza dentro de un pozo abierto en la tierra. Siempre intento descubrir en tus ojos el contorno del objeto prodigioso que estás viendo, y no alcanzo a distinguir de él más que su efecto, un cambio de intensidad en tu expresión, el temblor, la reverberación del agua tras la caída de una piedra muy pequeña. Estamos lejos.”
(de El camino de los sueños, inédito)

El disfrute de la tranquilidad, los momentos de la ciudad en la siesta, en la contemplación de un suceso natural, la desmedida paz que pueden dar ciertas compañías y sus revelaciones, construyen ese mundo que ella quiere vivir.

“Yo soñaba con conocer el mar de tu mano, la extensión del agua, vivir en un pueblito costero, dos pescadoras cargando las redes al final del día, volviendo a casa lentamente, el amor es tan simple como eso. Hallar una casa, un país que nos albergue. Ahora siento un dolor incierto en alguna parte del cuerpo, como si hubiera despertado de un sueño y descubriera que me han arrancado un brazo, una pierna. La vida es, otra vez, lo que era antes de tu llegada: ser una en el mundo.”

La poesía de Claudia es un viaje que abarca la bizarría, que es gallardía y esplendor de lo que resalta, la geología como estudio de nuestro terreno, nuestra composición desde lo físico, materia tangible, hasta los sentimientos, miedos y dudas, siguiendo la evolución a lo largo del tiempo, desde nuestro origen, siendo partes de un todo que nos envuelve, desde la infancia, la edad de la inocencia y la desprotección protegida.

La vista, que se renueva constantemente en cada lugar que visita, contiene, difunde, se dirige hacia otro lado- donde el corazón no duela- o se apaga.

Ella nos muestra sus deseos, la fuerza de los afectos y la conciencia de nuestra vida terrenal, la belleza y pequeñez de las cosas como el divino tesoro de una existencia fugaz, tan fugaz como el ciclo de vida de cada ser vivo en la magnitud del universo, que, como cada estrella, nos da su máximo brillo, belleza y plenitud.

“Yo quisiera ser así, capaz de soportar la plenitud
sin anhelar la abundancia. Que eso sea todo:
el puro deseo de dejar lo poco o mucho que se tiene
a quien se ama, aunque no le haga falta,
y vivir por un rato rodeada de las cosas que realmente le importan:
las tormentas, los animales feroces, la exuberancia del verano”

(fragmento del poema La Plenitud, de La Plenitud)
 
 

Claudia Masin

Claudia Masin

Claudia Masin publicó los libros de poesía “Bizarría” (1997), “Geología” (2001; reeditado en 2011), “La vista” Ganador del Premio Casa América, en España (2002), “El secreto (antología 1997-2007)” (2007) “Abrigo” (2007) Mención Fondo Nacional de las Artes 2004- editado en 2007 y “La plenitud” (2010); así como el libro de fotografías y poemas “El verano” (2010). Su. Textos suyos han sido traducidos al francés, inglés y portugués, y sus poemas han sido recogidos en múltiples antologías.

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