El erudito, atractiva novela policíaca con tinte noir y trasfondo de crítica social

Emilio Morales Ubago nos adentra en otro episodio donde la controvertida pareja de Javier Larraz y Luis Fernando de la Barrera retornan a los derroteros de sus anteriores aventuras.

LOS RESORTES DE LA CORRUPCIÓN, como bien sabemos por la obstinada actualidad informativa, alcanzan todos los estratos sociales. Evidenciándose en el político su máxima expresión de permeabilidad. En la jerigonza que manejan -las grabaciones de las conversaciones telefónicas intervenidas por la policía dan medida de la desfachatez, desahogo e impunidad con que se manejan-, destaca el conocido como “fondo de reptiles”. La realidad no solo supera a la ficción, sino que doblega a ésta hasta el punto de ridiculizarla. Bajo la piel del presunto estado protector y el servicio público que gestiona, se ha instaurado el corazón del hampa. Sus ramificaciones son profundas y se extienden con notable eficacia para perpetrar el latrocinio. En este proceso de descomposición la literatura se hace advertir por sí misma. A través del género de la novela negra en sus diversas vertientes, se establece una corriente crítica que remarca la posición y naturaleza granítica de los poderes fácticos – la banca, la oligarquía, la iglesia, los medios de comunicación, los sindicatos, etc- frente a la ley, que se muestra indolente e, incluso, en connivencia. Desde ese mirador privilegiado el escritor arbitra los escenarios donde el enfrentamiento tiene códigos no convencionales. La miseria del ser humano y la involución de la sociedad se mezclan en una atmósfera espesa y trastornada. El combate es desigual pero la narración posee ese dúctil beneficio de contrarrestar con la ficción la constatación de la realidad.

EL ERUDITO –Guadalturia editores, 2016- discurre, con un marcado y acentuado carácter local, por los entresijos en los que subyacen las relaciones humanas. Oscilando entre luz y sombra. Es decir, entre honestidad y vileza, la ambición y el dinero ejercen la coacción moral La acción se circunscribe geográficamente a la localidad andaluza de Lora del Río (Sevilla). Aunque podría desarrollarse, con las correspondientes connotaciones particulares y peculiares, en cualquier lugar que se precie en la tradición norteamericana de este género literario. En esta nueva entrega de Javier Larraz y Luis Fernando de la Barrera, el diligente sargento de la Benemérita y el conspicuo antropólogo, las pesquisas sobre un asesinato y la búsqueda de un libro documental e histórico, desaparecido por razones delictivas, les obligarán a unir esfuerzos en la resolución de ambos casos. Con impresiones de sutil ironía que, en ocasiones, desemboca en un humor que pudiéramos definir como mordaz, la trama se desenvuelve con pasmosa sencillez para el lector sin que repercuta en la pérdida de interés. Más bien lo contrario. A ello se suma el asomo afinado y atinado de la crítica social que actúa como certero francotirador. Esta pareja atípica no solo por la distinta procedencia profesional, también por la que representa la conjunción y concurrencia en esta población de la Vega del Guadalquivir de un agente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del estado “de origen vasco” y un paisano con inclinaciones detectivescas y aventureras a los que unen no sólo una buena amistad.

EMILIO MORALES UBAGO nos ofrece con esta nueva novela, las peripecias y vicisitudes de los dos personajes principales ya citados, cuyas andanzas conocemos a través de sus dos obras anteriores La carta BonsorEl ojo de Dios. Con la inmersión de ambos personajes en un oscuro asunto donde aparece con especial importancia la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, más conocida por La Orden de Malta, el autor desarrolla un itinerario por la localidad de la que es natural. Incorporando datos históricos y biográficos que revelan la trascendencia de aquélla en su evolución y desarrollo. Fernando III y Alfonso X, en compensación a su colaboración en la conquista protagonizada por estos, les concede diversas posesiones en relación con la bailía de Setefilla y Lora del Río, entre otras. La búsqueda de la prueba documental que se remonta a aquellos tiempos, verificará el móvil del asesinato pero su resolución puede provocar un daño irreparable a la comunidad. En la interpretación de los hechos narrativos podemos hacer equivalencia con la práctica que durante años viene realizando la Iglesia española. Inscribiendo a su nombre casas rectorales, viñedos, olivares, atrios, solares, pisos, cementerios, garajes, frontones, etc que pertenecían a los ayuntamientos y comunidades. Los obispos pueden expedir certificados de dominio público como si fueran funcionarios públicos. Esto se denomina inmatricular. El ejemplo más flagrante es el formalizado por el obispado de Córdoba que registró la Mezquita en el año 2006 por la irrisoria cantidad de 30 euros.

LA MAQUINARIA DE UNA NOVELA ES MUY DELICADA. La novela se traga todos los elementos o no se traga ninguno. Una novela, cuando es buena, responde ante ti mismo y ante sí misma. La reflexión de Rafael Chirbes nos encamina a ese propósito que todo buen novelista debería atender: la corresponsabilidad literaria. Tras ese compromiso inicial son los lectores quienes aceptarán o rechazarán contemplar el paisaje al que la ventana abierta de esta obra les invita. Si como en el caso de Raymond Chandler, “la frase con alambre de púas, la palabra laboriosamente rara, la afectación intelectual del estilo, son todos trucos divertidos, pero inútiles”, en El erudito la naturalidad es flor de un uso apegado a la realidad más desnuda.

Pedro Luis Ibáñez Lérida

IDENTIDAD CAÍDA, de Francisco Ballovera Estrada / «Vertiges», de Francis Denis.

Tuerces las lenguas,
dilapidas asimismo las culturas
y las tradiciones, oh, las tradiciones;
solo tú,… Solo tú.
Abalanzas a todos a la promiscuidad,
a adaptar cantos de otros mares
y revoloteas nuestras equivalencias;
solo tú,… solo tú.
Ay tú, treinta y siete años,
año de atrincherar mina en cerebro
y a flor de orientes sin oriente;
solo tú,… solo tú.

Vertiges
Vertiges

 

La obra de Roberto Bolaño: indómita y solitaria

Roberto Bolaño persiste en su desafío. La aparición de la obra inédita El espíritu de la ciencia-ficción revierte en su incipiente pero decidida aserción por el interrogante de todo proceso literario.

LA DIMENSIÓN LITERARIA ES ASOMBRO. Emotivo suceso adentrarse en el texto literario que viste nuestra imaginación, pensamiento y fabulación. La correspondencia anónima que nutre tanto a escritores como a lectores posee, entre otras, la cualidad fragmentaria de individualizar su pretensión ante el mundo, partiendo de un todo. La obra literaria es ese todo. Un meteorito que atraviesa el intemporal cielo del olvido. No basta tener fe en su errabunda trayectoria. Y ese zumbido que crece vertiginosamente en los oídos antes de hacer patente su devastadora presencia y, tal vez, colisionar con el lector, provocando ese asombro y admiración que subyace en toda creación. El golpe es furibundo y el cráter que deja su impacto es signo providencial de hallazgo. La lectura de una buena obra nos cambia como lectores. La exigencia se incorpora y define nuestra orientación hacia futuras obras. La selección muta de calibre. Todo no es válido. El tiempo es preciso y precioso para el lector. Tiempo de escritor y lector que convergen en el ámbito de la soledad.

LA OBRA DE ROBERTO BOLAÑO ES INDÓMITA Y SOLITARIA. ¿Acaso puede ser de otra manera? Su única salida la labró con la penuria remarcada en la montura de las gafas y el humo de los impenitentes cigarrillos que nublaba los cristales mientras montaba el revólver de su palabra incandescente. The New York Times señala que es “uno de los más grandes e influyentes escritores contemporáneos”. La certeza en la apreciación del influyente periódico norteamericano se diluye ante el robusto pensamiento del autor, “Yo no me siento el mejor narrador chileno, ni siquiera me preocupa eso. A mí lo único que me interesa en el momento de escribir es hacerlo con una mínima decencia, que no me avergüence al cabo de un tiempo de lo que he escrito, no lanzar palabras al vacío”. Desmitificarse a sí mismo y torcer el gesto lacónico como de sonrisa hiriente. En el aliento del autor de Estrella distante vibra la poesía, mientras acelera el paso ante el enfrentamiento último, el de la derrota. Amarga derrota que, paradójicamente, lo hace inalcanzable e invencible en la lectura, “Escribir no es normal. Lo normal es leer y lo placentero es leer; incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero generalmente es una ocupación interesantísima”. El “hepático Bolaño” como lo menciona Raúl Zurita en su obra Cuadernos de guerra representa la sed de la literatura en la pretensión más decididamente desprendida: destejer la arbitrariedad del propio autor y abrirlo en canal como sus obras. Todo queda al descubierto. Incluso los heterónimos. La literatura es un cúmulo de apuestas perdidas: no hay absolución.

EL EXILIO PERSISTE en la obra del autor. Su lectura transmite ese indefinible espacio donde nada es lo que parece y, sin embargo, hay una invitación expresa a la realidad circundante. La expresión poética es la afirmación rotunda y épica de ese distanciamiento consigo mismo: inconformismo y desencanto para emprender la aventura literaria hacia lugares únicos y arremeter con notorio y medido pensamiento crítico contra el escaparatismo literario. Más allá de las disputas e intereses económicos y controversias que recientemente se han suscitado en torno a su obra, el espíritu de Roberto Bolaño sobrevuela este quehacer impenitente de los vivos con el lacónico ejercicio de identidad de su oficio solitario tejiendo la mortaja con su palabra. Quizás la reciente publicación de su obra inédita El espíritu de la ciencia-ficción, desande la perspectiva de un tiempo mortal empozoñado por la disputa entre débitos y haberes, para investirlo de novedosa frescura fabuladora. Sorprende la capacidad de resistencia y el vigor que concentra para arañar su propia ceniza y embaucarnos en la clarividencia que destilan sus personajes. Oscar Fate –heterónimo de Quincy Willians- habla, como tantos otros, por él. Es el periodista negro que en 2666 se interesa por los asesinatos de mujeres que se cometen en Santa Teresa, “La vida es de una tristeza insoportable, ¿no le parece?”. Autor y personaje confunden los roles para asentir en la quiebra existencial.

Pedro Luis Ibáñez Lérida