Creer es Crear por Camila Doussang Leiva

Creer es Crear pretende ser un espacio en donde se desarrollen temas asociados a diversas situaciones de la vida del ser humano, con un énfasis en los procesos psicológicos que en ellos existen, una mirada diferente de la psicología a través de una ventana abierta al mundo, en donde de repente se aparece y otras veces es difícil hallarla, un espacio en el que descubriremos viajes, historias, hechos, casos, realidades y no realidades que habitan tanto en nuestra mente social como en la individual, tanto en nuestras tierras como más allá de nuestras fronteras. Todo lo que leamos en Creer es Crear, de cierto modo irá interviniendo y afectando nuestro modo de ver la vida y permitiéndonos crear bajo nuestros propios cimientos un caminar más consciente y humano cuando sea preciso, pero también loco y revolucionario cuando sea necesario.

 

Artículos

Reificados y Alienados
Para los que tienen ganas de nada: algo escrito… también sin ganas.
Otra Oportunidad para Andar…
Ecuaciones
El Viaje
Padáky
La EscuelitaLa Mentira sí es buena… Porque salva y no condena
Curanipe… Tierra de Sol y de Sal
La Felicidad: Más allá de las circunstancias
Leer: ¿cuestión de niños?
La Creencia en la Carencia

Reificados y Alienados

 

Hoy me detuve a observar sin mirar nada en específico, simplemente a ver la gente pasar, y pude notar ciertos eventos que me han llamado la atención, ciertas incongruencias, y mucha mentirosa normalidad, hablo de una pasividad extraña, un conformismo demasiado conforme, o una aceleración tormentosa pero a la vez ausente, un querer “ser”, ahogado por un “parecer”. Me refiero a dos conceptos importantes, poco conocidos y muy presentes en nuestra sociedad, en todo ámbito, ya sea político, cultural, religioso y social, me refiero a la reificación en la que estamos inmersos y la alienación que consume a la mayoría de nuestra sociedad; para poder continuar es preciso explicar el significado de ambos términos, el primero de ellos, la reificación, de acuerdo a Theodor Adorno, es en términos sencillos: el proceso de cosificación del ser humano en donde “a través de este proceso, las prácticas y las relaciones humanas llegan a ser vistas como objetos externos. Lo que está vivo termina siendo tratado como una cosa inerte o abstracción” Zerzan, (1998). En segundo lugar, la alienación, concepto con definiciones muy variadas y que a veces se contraponen, dependiendo del contexto en que se esté, en este caso será definida, de acuerdo a lo que postula Humberto Maturana, como la enajenación o extranjerización del ser humano que muchas veces se refleja en la “situación de explotación de un hombre, desposeído de todo, que vive para otros” Gurméndez, (2000).

 

A simple vista no creemos poseer estas características, asusta un poco la rudeza de las definiciones expuestas, sin embargo, me atrevo a decir que incluso quienes planteamos una desreificación de la sociedad, no podemos eliminarla del todo. ¿Cómo afecta esto a una comunidad? ¿Cómo y dónde se hacen presente estos conceptos? La verdad están en todos lados, el simple hecho de ver los días pasar sin sentirlos, la rutina que nos tiene siendo parte de un engranaje, siendo números, cédulas de identidad, precios, cuentas bancarias, etc, esa transformación de la esencia del ser nos afecta cada día y nos falta el respeto, se lleva nuestra identidad y dejamos de ser sujetos para ser objetos, que no sienten, avanzan ciegos por una “sociedad” y ¿de qué sociedad hablamos, si muchas veces funcionamos bajo la inercia en que se mueve el mundo actual? En problemas como éstos es en donde entran los actores sociales, quienes reivindican derechos y luchan por un sentido en común, muchas veces alejándose del sistema y del famoso conducto regular.

 

En muchas ocasiones nos decimos ciudadanos, pero establecemos límites y requisitos para serlo, no basta nacer en el lugar, ahora hay que votar, para ser representado por personas que en su mayoría no nos representan, hay que volver a reducir nuestra participación a una hoja de papel cada cuatro años, ¿y qué pasa después? ¿Acaso se es más ciudadano por votar o no, por perder horas en largas filas para entregarle a un desconocido muchas veces el poder de actuar, sabiendo que muchas veces, no lo hará?, entregamos una capacidad que todos tenemos, entregamos justamente la capacidad de ser realmente y bajo mi percepción verdaderos ciudadanos, porque el verdadero ciudadano es aquel ente participante, actor y guionista de su vida, pero con un rol que se define en la sociedad, no es un voto, también es voz. Todas estas situaciones, nos alienan, nos mantienen en trabajos que no sentimos, no vivimos, no amamos, nos transforma en “máquinas sociales” que incluso para establecer relaciones tenemos una especie de chip que intercambia frases prefabricadas, porque no hay tiempo después de cierta edad para hacer vida social, hay que trabajar para mantenerse y además mantenerse para trabajar, cosa que se hace cada vez más compleja dado el desgaste y la explotación que este mundo capitalista y neoliberal ejercen contra nosotros, la mano de obra; hace mucho que se vive para trabajar en vez de trabajar solamente para vivir, y nada más. Estamos tan alienados que trasladamos ese estado de extranjerismo incluso hacia nuestros hogares, la vida familiar se ha transformado en un sinónimo de día domingo, como el único día en el que se está en casa y sin nada que hacer, el resto de la semana no se puede hacer vida en familia, hay que hacer trabajos, proyectos, salir o simplemente dormir, para apagar por unas horas el microchip que la nueva máquina ser humano 2.0 lleva incrustado en el sector izquierdo de la zona pectoral, porque está claro que de corazón es poco lo que nos queda, o sino dejénme preguntarles lo siguiente ¿cuántas de las cosas que haces a diario te hacen sentir tan vivo que se te infla en corazón? Creo que puedo suponer la respuesta, y no es de las mejores.

 

Este estado constante en el que la mayoría de nuestra sociedad vive hoy en día, explica muchas de las problemáticas actuales, en términos de política hablamos ya de cómo se distorsiona el concepto de votante cuando hacemos una doble lectura, si queremos aplicarlo a la economía podemos decir claramente que el consumismo no es más que una mera reificación, creemos que “somos” por lo que tenemos y consumimos alienados, de manera automática, olvidando las prioridades, lo que es realmente necesario y lo que no lo es, olvidamos a la vez que el más rico no es quien más tiene sino quien menos necesita. Pero adelante, busquemos estos conceptos en hechos sociales concretos, un claro ejemplo de esto es la delincuencia, un estudio estadístico realizado por la FICED en el 2007 demostró que en Chile hay un robo cada 1 minuto con 46 segundos, para los delincuentes es una ventaja esta alienación y reificación del sistema de seguridad y la legislación del país al momento de penar estos delitos, ya que al parecer no importa tanto el suceso y las consecuencias de diversos tipos que traiga el evento, sino que importan más las escurridizas e inteligentes leyes que por lo visto están hechas para que la víctima sea más víctima aún y al victimario no se le quiten las ganas de serlo, ya que durante el 2007 “de los 28.635 detenidos por robo, el 70% quedó en libertad y sólo el 30% quedó sometido a presión preventiva” FICED, (2007). Así, como este, hay muchos ejemplos que lo único que hacen es reafirmar la postura de que la sociedad de hoy está en graves problemas, nuestra percepción de los conceptos ciudadano, actor social, vida, etc. han cambiado, se han trastocado a beneficio de un mundo más estandarizado, una sociedad que pregunte menos y asienta más, que reclame poco y crea que nadie le debe explicaciones o que no es digno de que le pregunten como desearía que se hiciesen ciertas cosas, una sociedad mentirosa que nos quiere hacer creer que la igualdad es una homogeneidad de pensamientos, cuando en realidad la igualdad es aquello en común que encontramos en lo heterogéneo, en lo diverso de una comunidad, quieren que creamos que el silencio trae buenos resultados, cuando la deliberación y el diálogo son herramientas fundamentales para la constitución de una nación, estado, sociedad, comunidad y toda agrupación que tenga una idiosincrasia que desee mostrar, potenciar y por qué no, cuestionar; la sociedad necesita debate, sin embargo, también necesita soluciones, y dichas soluciones nadie las conoce mejor que el afectado, pero primero es preciso saber qué es lo que nos está afectando, y al parecer… estamos tan alienados y reificados que no vemos más allá de nuestro propio horizonte.

 

Finalmente, creo que luego de dignosticar nuestro padecer, el resto del camino se hace de manera independiente, cada uno es responsable de su felicidad, su estabilidad, su exceso de normalidad y escasés de esas pizcas de locura, que revolucionan masas por un objetivo movido por un sentimiento y no como hoy en donde la mayoría de nuestros actos se mueven por números, ya sea cientos, miles o millones de pesos. Es necesaria una movilización indivudual pues ella acarrea movimientos masivos, que modifican paralelamente situaciones de carácter social, porque el ser humano es un ente en constante interacción con el entorno, que lo afecta y se ve afectado por el, somos personas con la capacidad innata de cambiar ambos estados presentes en esta discusión, podemos claramente desalienarnos y desreificarnos, podemos evitar y acabar con muchas de las desagradables situaciones mencioanadas anteriormente, pero el primer paso es dejar de pre-ocuparnos que de eso se encargan los alienados y reificados, muy por el contrario, lo nuestro señores… es ocuparnos.

Para los que tienen ganas de nada: algo escrito… también sin ganas.

Llevo más de dos semanas pensando en que escribir para el artículo de este mes, se me pasearon por la cabeza variados temas, algunos no muy trascendentes, otros demasiado, no obstante, ninguno de ellos alcanzaba a inspirarme lo suficiente como para lanzar a destajo mis letras sobre una hoja en blanco y comenzar a pintar palabras con aires de reflexión. Necesitaba eventos importantes (pensaba yo), aconteceres relevantes, algo que me incitara verdaderamente a escribir… y sucedió: Los inicios de una revolución en la educación chilena. Mi universidad y muchas otras luego de semanas de marchas y protestas, ahora están en TOMA, haciendo de las dependencias nuestro hogar, luchando por una educación más justa, de calidad, dejando de hacer de ella un negocio, dando voz y voto al estudiantado de toda la larga y angosta faja de tierra que es mi hermoso país. No obstante, hasta ahí me llegaron las ganas de escribir sobre ese y otros tantos temas que pudiesen ser muy interesantes, generando grandes reflexiones, debates y rebeliones. Pero tengo un gran problema, y hoy, hace unos minutos es que lo descubrí. Sucede que lisa y llanamente… no tengo ganas.

 

Yo creo a muchos les ha pasado, esto de no tener ganas, ganas de nada, eh? Eso que no se arregla con una salida a un bar, ni con una compra matutina o una salida a correr para botar las malas vibras, como dicen. No, es que no se tienen ganas y punto, tanto así que no se tienen tampoco ganas de dejar de no tener ganas, no se si entiende… pero bueno, así es como estoy.

 

No tengo ganas no se por qué, o quizás si se, pero me una da una lata tremenda ponerme a pensar en las razones y hallarles solución, encontrarles medicamentos para que se quiten, etc etc… a veces la gente prefiere hacer oídos sordos, ojos ciegos, bocas mudas… a veces es una verdadera lata, una joda tremenda ponerse a buscarle explicación a los sucesos… sucesos que suceden y luego simplemente se van, los sucesos son y luego desaparecen y nosotros nos quedamos ahí, atónitos, esperando a ver que sucede… y nada sucede… todo se ha ido… hasta los sucesos mismos, nosotros somos los que con ellos: los sucesos… nos rompemos el seso… nos armamos historias, nos inventamos diagnósticos, soluciones o no soluciones, llantos y alegrías, problemas y glorias, recuerdos e historias… incluso… olvidos pero con memoria… analizando todo esto, como voy a tener ganas de hacer algo, si se desencadena una nebulosa de todos estos espirales de la consciencia… no, para qué… prefiero creerme una especie de Buda del nuevo milenio y dejar la mente en blanco, sin nada de nada, será por eso que estoy escribiendo, para vaciarme de lo último que me queda.

 

Así es el asunto hoy en día, tantos habrán como yo que tienen esos días sin ganas, días que parecen eternos, que nada los hace ni mejores ni peores, desprendidos de todo afecto u emoción, lejos de ser buenos o malos, porque son sólo días, que andan sueltos por ahí caminando a paso lento o a paso veloz, porque da igual el paso… porque todo en esos días da igual, el frío, el calor, el día o la noche… nada absolutamente nada importa…

 

¿Por qué podría suceder algo así?, cabe preguntarse, ¿y por qué será que elijo escribir algo como esto?, cabe decir. En primer lugar a mucha gente le sucede y lo escribo en primer lugar porque hoy me sucede y en segundo lugar porque tiene mucho que ver con aspectos ligados a mi rama, la psicología y mi promesa de empezar a incluirla sutilmente en mis escritos de lo cotidiano, así que veamos… algunas de las razones del por qué esto puede y nos suele suceder.
Muchas personas suelen alarmarse, creyendo que los estados anímicos tales como la tristeza, la pena o la nostalgia, son malos indicadores, algunos creen tener depresión y muchas veces se auto diagnostican uno que otro síndrome. Qué sucede con eso? Claramente sucede que es más fácil entonces sentirse así, justificamos nuestros dolores con un término médico, que nos respalda y nos da permiso, de cierta manera para no andar de ganas, como a mi me sucede hoy. El ser humano se caracteriza por vivir muchos procesos de manera consciente e inconsciente, dentro los cuales la búsqueda de sentido es algo que sucede casi en todo momento y ante cualquier eventualidad, incluso, cuando no tenemos ganas, buscamos el motivo por el cual esto sucede y es en ese aspecto en donde quiero profundizar.

 

No siempre estimados, somos seres depresivos, la sociedad nos mal acostumbró a buscarle un nombre, un diagnóstico y una receta médico-psicológica a cualquier suceso que bajo nuestro criterio escape a la normalidad (cuando en realidad es en mi opinión, la normalidad es lo que debería preocuparnos). Las sensaciones des-sentidas que yo relato, todo este alarde de no tener ganas, de no querer nada, puede ser diagnosticado psicológicamente hablando de mil maneras, algunos le llamarán depresión, otros anhedonia (pérdida de la capacidad de disfrute) otros podrán decirle distimia (una especie de depresión menos intensa pero más prolongada) y otros tantos nombres y aunque en ocasiones puede ser así, mi idea no es deslegitimizar mi futura profesión sino hacer consciente al resto de que no siempre el sentirnos mal, raros, extraños, se relaciona con padecer ciertos desórdenes que nos hacen ser de tal o cual manera.

 

El auto diagnosticarnos, a pesar de que creo no es bueno en su totalidad, responde a nuestra necesidad interna de buscarle a los sucesos un porqué, esa búsqueda de seguridad, de control, saber que somos, que tenemos, que padecemos, para saber cómo dejar de ser, de tener o de padecer. Muchas veces olvidamos o muchos a lo mejor no conocen el importante y fugaz paso de las emociones por nuestro cuerpo. Las emociones que son reacciones fisiológicas adaptativas muy intensas y de escasa duración, muchas veces nos llevan como hoy a mi, a percibirnos de tal o cual manera y a sentir o no sentir tal o cual cosa. Las emociones a diferencia de los sentimientos, pasan, como a mi se me están pasando las ganas de no tener ganas, los sentimientos tienen por el contrario una duración más prolongada, pero menos intensa, así como yo voy sintiendo de a poco una especie de reconciliación con mis historias, con mis deseos, con mis dolores y alegrías, con mi pasado y mi futuro, conmigo… y con otros…

 

De todo esto me interesa que se desprenda, una especie de reconciliación interna en cada uno de nosotros, un entendernos a nosotros mismos en donde tenga cabida la noción de que no siempre nos entenderemos, de que no siempre tendremos respuestas a nuestras preguntas, de que a veces las emociones nos invaden sin que sea necesario padecer o no padecer enfermedades que a veces siento el ser humano necesita, necesita sentirse enfermo para sentirse vivo, necesita ser diagnosticado para conocerse, saberse chiflado para aceptarse, creerse malo para querer ser bueno, sentirse insano para querer sanarse. Lo importante creo, sin embargo, no es hacer juicios de valor en nuestra diversa humanidad, en nuestras distintas formas de ser, de actuar, de conocernos y desconocernos, todo lo que hacemos, la mayoría de las veces, entra en un abanico en el que la decisión tomada probablemente fue la mejor que pudimos o a la que en ese momento tuvimos acceso. El dilema no está en las posibilidades que tenemos, sino en por qué creemos tener sólo tales posibilidades, el dilema no está en lo que nos pasa o en lo que sentimos, sino en lo que hacemos con ello, el dilema no está finalmente en no tener ganas… sino en que las ganas de tener ganas o las ganas de no tener ganas, no nos ganen la batalla del proceso reflexivo que surge de ellas, que no se nos congele la vida en hechos particulares, que no veamos todo como un “porque si o porque no” como un “por algo pasan las cosas, o el destino así lo quiso” el dilema no está en lo que los otros piensen sino en lo que nosotros pensamos o dejamos de pensar y claramente, la respuesta al dilema de cada uno de ustedes, de cada uno de nosotros, no está planteada en este texto… por qué? Primero, porque el dilema no está en las preguntas que nos hacemos ni que nos hacen, sino en la capacidad sagrada y bendita que tenemos para inventarnos respuestas… y en Segundo lugar… no está acá… simplemente por que hoy… no tengo ganas.

 

Porque tenemos absoluto y pleno derecho a no querer a veces tener ganas, hasta que se nos quite la congoja, el sueño, la pena, la pereza, la nebulosa… hasta que nos vuelvan solas la ganas locas de tener ganas, hasta ese preciso momento instalado quien sabe en que hora del día, del día de hoy o del día de mañana… hasta ese instante histórico… todos podemos, sin que sea necesaria explicación ni detalle alguno… estar simplemente desganados… hasta que incluso, de eso… se nos quiten las ganas.

Otra Oportunidad para Andar…

 

Porque déjenme decirles una cosa:
Lo único permanente… es el cambio.

 

Este es un relato quizás diferente, un poco loco y desorganizado, lo es porque habla justamente de hacer las cosas sin tanto lío ni ese orden tan ordenado. Esto es un desorden de ideas, algunas recientes y otras del pasado, es una mezcla de momentos, que hoy se conjugan en un texto con el ánimo justamente de darles ánimo.

 

Lo que leerán en primera instancia es una corriente de la consciencia, de mi consciencia de hace algunos años, se titula “otra oportunidad” y se lee rápido y sin pensarlo.
Otra oportunidad para el delirio de mis labios impacientes, que recorren lugares perdidos en rincones inexistentes… otra chance para las ganas, de no tener ganas, para las mentiras que suenan a verdades… otra oportunidad para mis sueños y mis constantes cambios de estado… mis sueños irreales y mis realidades distorsionadas… mi dislexia de pensamiento y mi descontento felizmente contento… la diferencia que me trae a la vida, la locura que me hace sentir normal… otra oportunidad para mis oportunidades correctamente desperdiciadas, una vuelta al pasado para volver a cometer ciertos errores y volver a sentir el placer que otorgaban, no más placebos engañadores, no más dosis de cotidianeidad… no tanta consciencia, consistencia y elocuencia, ni validez ni confiabilidad… no más sumas ni más restas… no tanto orden… ni ganas de mandar… otra oportunidad para la vida, que se rige por sueños inocentes… que no nos obliguen a despertar!!! Más frecuencias extrañamente agradables… más música en nuestros pasos, más esencia en nuestras huellas… más caminar que trazar rutas… un avanzar entregado a los peligros de la vida… que lo único peligroso que tiene es que en algún momento se puede terminar… y es un viaje, no más que eso… no tanto drama entonces… disfrutemos más el trayecto, aprendamos más, conozcamos más… todo lo que alcance a vivir con mi tiempo atemporal, todo quiero hacer y decir… hasta que ya no sea más… hasta que deje de estar en esta extraña dimensión y emprenda un viaje probablemente espectacular… los todos y los nadas… que se mezclen… que tengan otra oportunidad… de llevarme por sus aguas correntosas, de botarme y desarmarme… y volverme a armar… que me eleven y me arrojen a tantos sueños como sea capaz de visitar… a tantas risas como sea capaz de regalar… tantos abrazos que pueda disfrutar… tantos besos y caricias… tantos hasta pronto… tantas palabras que me permitan expresar… lo etéreo de esta instancia conocida como vida… lo intangible de mi realidad… lo bello de las ganas de entregar y disfrutar… lo bohemio de mis pasos y la energía de mis letras… todo es este viaje y a la vez nada viaja, simplemente está… un enredo desenredado… simplemente otra oportunidad… a la locura que vive conmigo y que hará junto a mi de las suyas… hasta que agotemos nuestra última oportunidad

 

Al leer este pedazo de sentimientos y pensamientos escritos hace ya bastantes años, recuerdo y me aparecen en la mente importantes cosas que usualmente dejo y quizás muchos dejan de lado, y la verdad, no se que tanto más haya que agregar a lo que ya está escrito… Es claro que muchos de nosotros no nos damos oportunidades, como si a vida se tratase de un eterno contrato, puro, casto y sin espacio para el ensayo y error.

 

A mi parecer, hoy en día es difícil para la gente darse otra oportunidad en muchas aristas de su vida, y quizás ha de ser por temor a las consecuencias, al cambio o la incertidumbre, se teme conquistar a diario sus victorias, guardarse los fracasos en el bolsillo, salir nuevamente a la calle y caminar, sin ese temor paralizante a que algo nos suceda en el trayecto… Lo importante es moverse ¿no? E ir avanzando con la vida sin que la vida se nos escape de las manos, sin que otros nos vivan la vida y más importante aún, sin que nadie nos desviva la vida…

 

Así de simple y sin mucho que agregar… en este fragmento de letras, en este pedazo de texto, la invitación manifiesta es simplemente a perdonarse los errores o perdonarse incluso no haber cometido algunos cuantos, reconciliarse primero consigo mismo, con las penas, con los dolores, con los dolores incluso que causan las esperanzas, darse un apretón de manos, un golpecito en la espalda y continuar el camino, firme, sonrientes que estamos vivos y que emocionante puede ser todo lo que está por avecinarse…

 

Darse otra oportunidad para reír y hacer reír, que está demostrado que si pensamos positivo, sentimos positivo y actuamos positivo… Entonces… para qué esperar a que se nos arregle la vida sola, para qué quedarse sentado ensoñando ese mundo perfecto… démosle una chance al mundo para equivocarse, pero seamos nosotros quienes le ayudemos a enmendar sus errores, agotemos nuestras ganas de tener ganas y aún así… no dejemos de darnos la oportunidad para darnos aún así y después de todo… una nueva oportunidad, una nueva vida, un nuevo aire… una nueva manera de ver las cosas… un nuevo empujoncito para ponernos a andar…

 

Andar aunque andemos vacíos de ideas, andar porque aún andamos llenos de sentimiento, andar aunque se carezca de hojas, andar porque aún tenemos versos, andar aunque se nos entumezcan las manos, andemos que nuestros dedos están llenos de tinta hirviendo, andar aunque estemos cansados, hambrientos o somnolientos… andar y andar… aunque andemos apenas a veces… a tientas, a reveces… Escritos en nuestras letras andemos, envueltos en nuestro frío, andemos, marchando en mil pasos, andemos… Andar, ir , venir, volver y regresar… Pero andar… porque lo importante no es tanto el camino, sino que os atreváis a caminar.

Ecuaciones

 

 

Yo no creo que lo complicado de las ecuaciones sea el que se puedan o no resolver, creo de hecho que se hacen complejas por su estampa, su nombre que asusta, el temor de no saber llegar al resultado final de la manera correcta, el temor a no lograr cumplir con un desenlace que producto de sumas, restas y tantas otras artimañas, permite conocer un producto desde antes vislumbrado… A mi, hay ecuaciones que me asustan y a pesar de que mi campo no es la matemática sino la psicología, debo decir que acá nosotros también tenemos nuestras ecuaciones… y esas son a las que creo yo, muchos de nosotros les tememos.
Esas ecuaciones complicadas, palabras, frases o mandatos del diario vivir… Por ejemplo: A mi me asusta un poco no obtener un buen resultado en la ecuación de la compañía y vivir buscándola por los lados incorrectos, lo que más me asusta (contradictoriamente) de dicha ecuación, es ese momento al que algunas personas llegan, parados ante un altar y diciendo “Hasta que la muerte nos separe” Dios mío! Y que me perdone Dios, ¿no será mucho pedir? Me parece que esa ecuación es imposible en mi caso, demasiado larga, monótona, dependiente, creo que he empezado a hacerla muchas veces y siempre he cogido la goma y empiezo a borrar números, a restar dígitos, a dividir partes, hasta que las sumas y las restas se pierdan, hasta que todo quede… multiplicado por cero… y así cada vez… vuelvo a empezar… Mas aún, me sorprenden ciertas personas que sin tanto ensayo y error como los míos, casi a ciegas han logrado llegar hasta que la muerte los separe, miro no muy lejos y veo a mi abuela, que la muerte ya la separó de quien quiso y aunque ella hoy en día más que nada resta sus días, no ha dejado de sumar su amor por quien hace años ya se fue de acá… me sorprende la historia, el pasado, las tradiciones… aquellas en que esta ecuación era designada por los padres y se armaron muchas sumas y restas sin una pizca de cariño… sumas que algunas, duraron para el resto de la vida, sin restar nada del otro de su día a día… A mi parecer… es cosa de cada uno, juzgue usted si esta ecuación nos conviene o no a todos, o es justa o no para todos… yo por el momento… apenas estoy juntando los números para volver a sumar…
Así como estas, creo ver a diario muchas ecuaciones de esas que nos ponen en duda, como el vivir para trabajar o el trabajar para vivir y otras como la sutil diferencia entre lo necesario y lo que está demás… cómo poder definir hasta que punto algo nos sobra o nos falta, si cuando nos falta… ya no hay mucho que hacer… porque lo único que tenemos de aquello que nos falta es su ausencia… y aquello que nos sobra… aunque nos sobre… ya está… ¿quien define los parámetros de nuestras necesidades?… ¿nosotros o los otros? Compleja ecuación para mi gusto… lo mismo con la primera… es fácil tratar de establecer las diferencias, pero en realidad ¿no es complejo pensar en una vida sólo dedicada al oficio y acaso lo contrario no lo es? Trabajar para vivir ¿O sea que todos quienes no trabajan no viven, es acaso el trabajo un indicador vital? ¿Debiera serlo? Y… ¿qué es trabajo hoy en día? Y así podría irme… sumando y restando, calculando porcentajes, pequeños decimales que quizás me llevarían a la respuesta… pero creo que la gracia está… en comprender que aunque a veces las matemáticas simples y comunes no lo permitan… puede haber más de un resultado correcto… para una misma ecuación… es sólo cosa… para mi gusto… justamente de gusto y de inspiración
Creo así también hay algunas ecuaciones que están al borde de un absurdo filosófico, tales como el “nunca digas nunca” y es que ya sólo el planteamiento de la ecuación o frase es una contradicción filosófica tan profunda que… o la ves por encima o te sumerges en lo complejo del contenido… Así mismo el “uno nunca sabe” es para mi una de las mejores… se usa para los chismes, las tragedias, las comedias, para romper el hielo, para herir… para todo y es tan cierta, aunque la decimos como místicamente, rozando el límite de lo incrédulo o la sabiduría… y me parece tan obvio que nunca sabemos… somos simples seres humanos que todo y lo poco que sabemos es porque lo conocemos, porque antes de todo, hemos tenido que experimentar… y esa sabiduría divina queda para otros seres que probablemente siendo de los que “siempre saben” nunca dicen lo que saben a diferencia de nosotros que muchas veces, no sabemos lo que decimos…
Tantas paradojas cotidianas, tantas palabras arrojadas como escupos al cielo que después nos caen como lluvias jeroglíficas que no logramos entender, todas esas ecuaciones de la vida, planteadas a nuestra humanidad desde los inicios… desde la historia del big-bang versus la manzana de Adán y Eva… desde la terrible incertidumbre de si fue primero el huevo o la gallina… y una nueva incertidumbre que nace en mi… de si fue primero el hombre o Dios… Tanto para pensar… y tan poco tiempo… la difícil decisión diaria de quedarse pensando o ponerse a hacer… de preocuparse u ocuparse… de reír o llorar… de crear o creer
En fin, creo (de creer) que toda esta paradoja y que todas estas similitudes, que todo este juego con las ecuaciones, han de servirnos para hacer una vida diaria un poco más divertida, un desafío que nos permita justamente vivir… dándole sentido y sentimiento a nuestras experiencias… porque si sólo vemos los dígitos de nuestra vida, si sólo vemos esto: 1 1 1 poca chance tenemos de enterarnos de lo mucho que hay a nuestro alrededor, de la infinita capacidad que tenemos de armar nuestra propia vida, por lo mismo creo (de crear) ecuaciones diversas, números 1 1 1 que pueden ser vistos como una suma con un 3 de resultado, como una resta con 1 como diferencia, como una multiplicación con un 1 de producto… puedo ver a la vez 3 pilares sosteniendo al cielo o a las tres marías o a los tres mosqueteros… porque como lo dice un principio matemático el orden de los factores no altera el producto… y hoy en día que todo está tan desordenado, para mi lo esencial es que cada quien pueda convivir de buena manera con su entorno, sin importar que no a todos la ecuación de la vida nos de el mismo resultado…
Y es que es… como la ecuación poderosa e intimidante de la muerte que se anota con los dígitos de la vida eterna… y que juntas forman una especie de sinergia para mi gusto, pues ¿quien querría una vida eterna…? y digo eterna… eterna… eterna… eterna… ¿y quien añoraría la muerte?… con una o con la otra solas y por separado no existe ni la una ni la otra… no hay vida eterna sin la noción de muerte… aunque no sea la nuestra, es ella el parámetro finito que permite el antagonismo de lo infinito y la muerte no es muerte si no tiene vida a quien darle fin… y así… esta ecuación… con la que hemos nacido y justamente con la que nos vamos a morir sin saber el resultado… ya está resuelta desde que se concibe… ya tiene el inicio y tiene el fin… a nosotros nos queda apenas jugar con los dígitos del medio… sumarlos, restarlos, ponerlos, sacarlos… logrando que el todo sea más que la suma de las partes… para que ese excedente se quede en los otros… y no se vaya con nosotros cuando nuestro número de años y nuestras tantas ecuaciones… se multipliquen por cero y descansen al fin.
Pd: Y para qué hablar del bien y del mal… del cielo y el mar… del norte o el sur… el azúcar y la sal.. del arriba y el abajo… si todo depende básicamente de cómo empecemos nuestra ecuación… sumar y restar o restar y sumar… la cosa es que el resultado, le resulte a cada quien como le debía resultar… y aunque esos resultados no resulten igual… a mi me valen las diferencias, a mi me da igual… Porque ser distintos no significa ser desiguales, porque aunque nuestras ecuaciones no digan lo mismo… somos todos enteros y a la vez decimales.

El Viaje

 

El sol se me esconde entre los cerros… se va… yo sé dónde… a la puesta de sol entre Valparaíso y Viña del Mar… yo también voy por esos lados, yo también, como el sol… suelo viajar…
El viaje, para algunos un escape, para otros un encuentro o reencuentro, movilizador de utopías… para otros… estático, quieto, cual rutina… ¿Qué es lo que viaja, me pregunto, cuando se emprende una travesía? Pues evidentemente el que sale no es el mismo que llega y el que regresa apenas se parece al que partió… ¿Qué será lo que sucede en los viajes? No va en el destino, creo yo… me pregunto qué pasa en ese momento en que abordas el tren, bus o avión… hasta que te bajas… en ese trayecto… siempre algo pasa…
El instante preciso en que decides o dormir o pensar… los auriculares listos, la música sonando y siempre la misma mirada nostálgica a través de la ventana… queriendo averiguar que hay un poco más allá, un poco más allá de donde el sol se pone, donde ya la luz se apaga, cuando el viaje deja de ser tangible, cuando pasado, presente y futuro… son los que comienzan a viajar… son los que definen el rumbo… son los que entremedio de la música… comienzan a sonar.
¿Será que viajamos por el riesgo? Por esa posibilidad latente de no poder regresar, ¿Será que el miedo a no volver es lo que motiva nuestro andar, la incertidumbre de que todo pueda cambiar? Como si sencillamente mañana el sol cambiase su rumbo y decidiera no salir más…
El viaje, filosofía cuántica… abrir las maletas, pensar, planificar, partir, soñar… caminar… saber que nunca el viaje es como se ha elegido, puesto que es finalmente el viaje quien decide a dónde nos ha de llevar…
Y…¿de qué se huye cuando se viaja? De qué sector de nuestra memoria, de que recuerdos alojados, atrincherados, arrinconados… casi olvidados…? Es más… ¿qué se busca cuando se viaja? Se buscan acaso recuerdos para volver a guardar y en otros viajes volver a olvidar… Pues a pesar del objetivo, per se… a pesar del destino y de si se avance o retroceda… porque hay viajes que se mueven hacia delante, pero siempre apuntan hacia atrás… En fin, desde mi visión el objetivo de un viaje es el movimiento el fluir libre y sin certezas, el no saber por un segundo, el entregarse a la suerte, al devenir, al producto final… quien viaja… lo hace porque tiene que hacerlo, porque sencillamente no puede seguir varado en el mismo lugar… sino porque necesita ir en busca de algo, ya sean recuerdos, olvidos, avances o retrocesos… quien se mueve lo hace, porque lo pide el alma y el cuerpo.
Últimamente yo voy creyendo cada vez más firmemente que no es uno quien elige el viaje sino que es él quien nos viene a buscar, pues no creo que el sol desee todos los días venir a ponerse tras las olas pasivas del mar de la costa de Valparaíso y Viña del Mar… es una necesidad mayor, un mandato irrefutable, un objetivo universal, un acto altruista… un salto al vacío… una decisión jamás decidida un acto de fé… un viaje sin prisa… tampoco creí que yo, tendría que venir tantas veces seguidas a mirar desde el mismo balcón, la puesta de sol acá lejos por detrás de los cerros de Valpo y las luces de Viña, a fumar cigarrillos con la misma compañía, a cambiar mis aventuras, por una nueva incertidumbre, por una nueva travesía…
Se ha vuelto de noche… yo sigo viajando, al sol no lo veo, pero que se viaja igual, y en este transcurso de paisajes y carreteras me he dado cuenta que el destino da igual, que el viaje es despojarse de todo y sentarse a pensar con la mirada nostálgica a través de la ventana, queriendo saber siempre que hay un poco más allá… y también un poco más adentro de lo que nos solemos mirar… el viaje no se mide entonces en kilómetros recorridos… el viaje se mide en recuerdos rebobinados, en olvidos recordados y en esas cientos dudas contadas con los dedos de las manos…
El sol ya se puso y yo… ya llegué a mi lugar… ¿mañana el sol sale? ¿Mañana… vuelvo a viajar? Lo bueno es que nadie lo sabe… ni el sol, ni la luna, ni yo, ni ustedes… ni los cerros de Valpo ni las luces de Viña del Mar
¿Será acaso que eso es el viaje?… no saber más nada… pero moverse igual

PADÁKY: Improvisada simpleza, cuando menos es más…

 

Que puedo decir, desde el frente de la vereda y como mero observador, tal vez que he tenido la suerte de encontrarme con un mundo antes desconocido casi en su totalidad; el mundo de la música. Sonará ilógico ya que todo ser humano desde sus inicios tiene contacto con ella, las canciones de cuna, el himno nacional, las bandas favoritas, la música en general… pero somos siempre receptores, es la música la que evoca en nosotros diversas emociones, sin embargo, esta vez quise abordar un poco más allá… conocer de qué se trata este mundo, que pasa con los creadores, como se da el proceso musical, que sucede en ese “a través”, en el instante que existe entre la idea de crear melodías y el momento en que cada quien ya la está oyendo en sus auriculares…cuando ya el sonido se ha hecho, cuando ya la melodía nos atrapa… sin saber de su pasado, de su origen, apenas de su presente y de su anunciado final…
Así es como me encontré con PADÁKY una banda de rock experimental de la ciudad de Villa Alemana, quienes me han mostrado poco a poco parte de su proceso creativo en donde cada vez comprendo más esa máxima que dice “en la simpleza está la complejidad”.
PADÁKY nace hace un par de meses, con una idea que hace años se viene generando en uno de sus integrantes Pablo Cepeda, así es como fluyeron las ideas, los encuentros, las simples reuniones entre amigos que de vez en cuando y cada vez con mayor frecuencia se agrupaban a tocar, a dejar fluir la música, a saber encontrarla o dejar que ella los encontrase… como dicen sus integrantes DaniloVergara (Bajo), Diego Guerrero (Teclado) , Giaccomo Filippi (Guitarra) y Pablo Cepeda (Batería),fueron encuentros íntimos, amicales, naturales, en donde no se reunían grandes músicos a pensar grandes obras, sino, donde se reunían buenos amigos a improvisar… meses de esta tónica, en la que cada quien entraba en una especie de ritual con su instrumento, en donde la comunicación no verbal se hizo cada vez más presente… fueron el ingrediente principal de los inicios de esta banda… el reunirse a fluir, a no pensar, a comunicarse a través de los instrumentos, a dejar que hablase el bajo, el teclado y la batería, a dejar que la guitarra mencionara sus acordes… sin quererlo y sin buscarlo… halló la música su lugar… halló la improvisación su espacio… y halló PADÁKY su nicho. Cada encuentro fue grabado, cada grabación fue haciendo la música, la música fue haciendo a la banda y la banda se fue haciendo un lugar… un lugar también improvisado, un sin expectativas, un sin fines ni objetivos que dieron paso a una de las bandas de rock experimental incipientes más conocidas no sólo de la ciudad de Villa Alemana sino actualmente, de gran parte del litoral central.
Sin el ánimo de ser famosos, sin el ánimo de construir letras… fue la música tomando forma en estos 4 integrantes que poco a poco y probablemente sin percatarse se transformaron en intérpretes y traductores de instrumentos, dejando hablar a través de ellos y sin voz ni letra alguna, lo que cada instrumento en cada momento buscaba expresar, dejando el espacio a la música y su labor sanadora, iluminadora, reponedora, terapéutica quizás para algunos, sin la interferencia humana, cuatro pares de manos que se dejan libres, haciendo acordes sin aviso previo, y dejando que sea esta vez la música la protagonista principal, la música la que manda, la que interviene, guía y predice… la música la que determina cuando inicia, cuando acaba y cuando puede volver a comenzar…
El ser parte del proceso creativo, de los ensayos de esta banda, de la comunión que surge no sólo entre ellos sino entre la música en general, me ha llevado a hacer un análisis más profundo, en donde cabe destacar tantos factores humanos presentes pero invisibles en cada uno de los integrantes y en la sinergia que como grupo logran provocar, desde el amor por la música con el que parten, desde las no ganas de crear y sin embargo haber acabado en la conformación de una banda con ahora, expectativas serias y realizables, me lleva a pensar en la importancia de no quedaros en el ser o sólo en el pensar, pues PADÁKY es justamente una banda (como bien dice Pablo Cepeda), que no piensa, sino que ejecuta sin temor a errar, sin ambición de agradar, es una banda que sin saberlo hace de la música un factor sanador, tanto para ellos y su necesidad de sacar los acordes que esconden silenciosos y arrinconados sus instrumentos, como para quienes les oyen, que en base a sus melodías sin letra, logran por primera vez comunicarse directamente con la música, con notas que son siempre las mismas, con pequeñas variaciones, pero que seguramente, para cada oyente y expectante explican, evocan y generan emociones y sensaciones diversas, útiles y cómplices de lo que cada quien desee con ellas asociar.
Es en mi opinión la banda, un sueño vívido, libre y sencillo que permite tanto a quienes la componen como a quienes la oyen el bien supremo de la libertad… el albedrío sin censura, el límite nulo y permisivo donde cada quien busque en sus melodías, su propio símbolo de musicalidad, en donde la música cumple funciones diversas y adversas incluso, en donde la suma de las partes es más que el total, en donde la banda no son sólo PADAKY sino los acordes, el público, la comunión, los rituales previos, los puntos suspensivos… cuando acaban las melodías… cuando todos se han dado cuenta que menos muchas veces suele ser más… cuando los temas… que sin la necesidad de las letras… nos han dicho tanto con solo dejarlos sonar, cuando la comunicación se hace en silencio… en donde lo improvisado, aunque así no lo parezca… suele transmitir en un acto sublime lo que cada quien necesitaba escuchar… Cuando la música ejemplifica en estos cuatro integrantes un gran consejo para todos, artistas o no artistas, soñadores o no soñadores, que es la no expectativa, pero si la perseverancia, el actuar sin temores y apasionadamente en cualquier índole de la vida, dado que todo nos lleva inevitablemente a expresar… el no sentarse a armar esquemas sino todo lo contrario… el despertar cada día sin preocuparse sino para ocuparse y sin el miedo paralizador del pensamiento sino con el ímpetu del actuar… como si la vida fuese un acorde melodioso que nos invite a cada instante como PADÁKY a improvisar mientras se avanza y a escucharnos sin la necesidad de hablar.

La Escuelita


Chile, Región del Maule, Comuna de Teno, Sector de Santa Rebeca… espacio rural de la zona, caminos de tierra, escasa locomoción, el blanco de las montañas bañadas en nieve puede casi tocarse con la mirada, el verde de los campos, los cerros y los animales reposando la vida… Ahí, entre medio de todo eso, justo luego de un puentecito de madera a mano izquierda siguiendo la curva, se encuentra la Escuelita de Santa Rebeca. Cursos compartidos, de pocos alumnos, un equipo docente pequeño y grande a la vez, una infraestructura en desarrollo y una estructura interna admirable, lugar en donde aún se vela por los sueños, el crecimiento y el desarrollo potencial de sus estudiantes. Digo precisamente estudiantes, porque no comparto el concepto de “alumnos” cuyo significado es seres sin (“a”) luz propia (“lumnis”).

 

En este lugar fui a caer con la gran misión de cooperar y ser un aporte, sucedía en ese entonces que necesitaban con suma urgencia subir sus resultados en el SIMCE dado que de no ser así, la escuelita sería cerrada, afectando no sólo a sus docentes quitándoles su lugar de trabajo sino a sus estudiantes quienes deberían emigrar a diferentes escuelas lejos de sus hogares, con otro sistema de aprendizaje, con otra visión de mundo. Es por ello que en conjunto con los profesores y el apoyo de una persona muy especial, desarrollamos la intervención, ellos en la parte pedagógica de entrenamiento a través de ensayos; yo, desde la parte psicológica a través del entrenamiento cognitivo, con estrategias de estudio y aprendizaje, potenciando sus mentes llenas de luz propia pero que no sabían hasta ese entonces lo mucho que podían llegar a iluminar.

 

Pues bien, durante el proceso debo decir que gané y aprendí más de lo que enseñé, me encontré con un lugar en donde se ensañaba a partir de los recursos que ofrecía el entorno, gran iniciativa que hoy en día está casi perdida, niños con dificultades de aprendizaje en el aula, las resolvían fuera, contando las patas de los caballos sumaban y restaban fácilmente, niños con graves dificultades psicosociales, incluso con graves enfermedades a cuestas, me enseñaron la resiliencia, la templanza, la persistencia, niños con gran vergüenza terminaron bailando en los recreos, niños agresivos me entregaron enormes abrazos, niños con dificultades para aprender fueron más rápidos que yo en los ejercicios, niños ad portas a una prueba que definiría su futuro me enseñaron a mí, estudiante de último año de psicología a vivir el presente sin dejar de trabajar por un mañana mejor, niños con carencias económicas, me regalaron sus colaciones, apoderados me entregaron su confianza, profesores su tiempo, debo decir que sin la sinergia de dichos factores, el taller de desarrollo cognitivo y autoestima que realicé durante un par de meses, no hubiese dado los frutos que dio…

 

Mejor puntaje SIMCE a nivel provincial en la prueba de lenguaje, amplia superación en todas las otras pruebas, no se cierra la escuelita, los niños siguen bailando en los recreos, contando entre las patas de los caballos, cruzando el puente de palos para todas las mañanas llegar a estudiar. ¿Cómo sucedió? Se supone que yo debería saber, no obstante no hubo fórmula alguna, el taller que realicé reuniendo toda mi experiencia, mi aprendizaje como futura psicóloga y más que nada mis ganas de que funcionase, me llevaron a integrar diversas técnicas y estrategias de estudio, vinculando en ellas a los padres, llevando el aprendizaje a la casa, al patio de recreo, al almuerzo, a los juegos y a las dinámicas.

 

Entrenamos la memoria con juegos que ocasionaron risas, con dibujos del camino que recorrían desde su casa a la escuela (técnica del lugar común), reforzamos la comprensión lectora con poesía, la velocidad lectora con caligramas, la autoestima pintando mandalas, entre otras cosas. En fin, todo pareciera una actividad poco seria, un juego de niños e incluso mis colegas me pueden juzgar, pero la verdad, no importa, no me importa, no nos importa, la meta se cumplió, quizás precisamente por eso, porque en ningún momento dejamos de jugar, en ningún momento hice del proceso una labor, un trabajo de adultos, una obligación impuesta, el libre albedrío, el juego educativo, el silencio incluso en muchos casos sacaron a relucir todo el potencial de estos niños que si podían mejorar, que sí querían mejorar, que sabían negociar conmigo los espacios de recreo y los espacio de estudio, que fueron difíciles en su momento, reacios a más horas de “clases” y que terminaron contagiando a otros cursos para que asistieran a su taller. Eso ya es ganar la batalla, pero no la gané yo sino ellos, el colegio en sí, sus profesores y administrativos, por sus amplias ganas de salir adelante aunque a veces ello implique dar algunos pasos hacia atrás, como los que dieron conmigo, retrocediendo al juego, a los dibujos, a las dinámicas, que sin darse cuenta los hicieron avanzar mucho más rápido de lo que imaginaron ser capaces.

 

No me queda más que agradecer la experiencia, felicitar a todos y cada uno de ellos por su gran logro en la rendición de la prueba SIMCE, extrañar ese lugar de encuentro, las risas de los pasillos, los almuerzos, la pizarra testigo de tanto aprendizaje, el aula testigo de tanto avance, a cada uno de los integrantes de dicho establecimiento agradezco por confiarme a este grupo maravilloso de niños, y decirles que son la Escuelita (a pesar de sus pequeñas dimensiones) más grande que he conocido y lo son por su sinergia, por su vinculación con el entorno, porque la escuelita no está sólo ahí, está en las montañas, en el camino, en el puente, en el árbol frondoso justo antes de la curva, está en los niños y sus padres, en ustedes, en mí, en los puntajes SIMCE, en las notas del libro de clases, en el juego, en las canciones, en las cartas de regalo que guardo como tesoros, en la tiza y las pizarras verdes… ahí donde nace el primer paso del aprendizaje de un niño… con una tiza que a pesar de todo lo que pueda escribir no olvide dibujar una flecha que apunte hacia fuera, donde están todos los recursos que hacen posible aprender aquello que se enseña ahí dentro, en cada una de las salas de clase de la Escuelita de Santa Rebeca.

La Mentira sí es buena… Porque salva y no condena


 

“El número al que usted está llamando prontamente será deshabilitado, dado que correspondía a una asignación de uso temporal, actualmente ha sido devuelto a la compañía producto del vencimiento del contrato. Este aparato telefónico ha sido regresado a su proveedor y ahora será entregado a otro usuario. Por favor ubique a sus contactos de otro modo, porque este número cambiará de cliente, si no cuenta con un nuevo número de contacto, no podemos hacer nada como compañía. Se agradece la comprensión. El teléfono quedará deshabilitado para todo tipo de llamadas a partir de las siguientes 24 horas. Atte La Compañía”

Uffff!!! Funcionó… Me arrodillo ante la palabrería convincente, la cualidad de algunos que nos hemos dedicado por años a la oratoria de ella, la infiel y transparente, siempre decente y elocuente… Mentira. De nada sirve que intentemos eliminarla, al contrario en casos como el anterior, es buena compañera, la mentira sirve señores, o si no… pregúntele a cualquiera.

Para esas personas que no se cansan de molestar por teléfono, tenemos la mentira, para los celópatas, psicópatas, autómatas, tenemos la mentira, para los mismos mitómanos, que también se creen sus propios cuentos, tenemos mentira para todos, para cada cuento y para cada intento de pasar piolita, por debajo de las sombras, como si aquí no ha pasado nada, sin esa angustiosa verdad que nos soborna.

No es que tenga algo en contra de la verdad, esa… también es eficiente, pero todo en exceso amigos, nos termina por hacer daño y es por eso que siempre digo: “Hay que practicar el engaño al menos una vez al año” Yo creo que este mundo funciona con mentiras, y digo funciona porque si fuera por la verdad estaríamos todos en una constante guerra, el problema es que la mentira al igual que la verdad permite cosas malas y buenas.

La mentira logra lamentablemente que por ejemplo se crea que no es posible alimentar a los niños de África, la verdad nos demuestra que el Vaticano nos miente, y que entre las joyas y los lujosos castillos, casas de gobierno, fiestas de la realeza, sueldos de los futbolistas, podríamos alimentar a tanta gente, educarnos gratuitamente y enfermarnos y sanarnos gratis también. Y eso de que todo debiese ser gratis es también otra mentira una justificación de los que no quieren levantarse a laburar y una mentira de los millonarios que dicen vivir con lo justo y necesario, si no fuera por la mentira señores, no nos importaría la verdad.

Y la verdad es que este planeta anda patas pa arriba, de tanto andar buscando lo cierto y desenmascarando mentirosos, estamos descalzos en un mundo que nos calzó hace tiempo ya, en ese jueguito de mentira o verdad. Es mentira que la verdad siempre es buena y que la mentira siempre es mentira, que la esencia de la vida es buscar la transparencia, la debilidad del ser humano recae en eso, hemos dejado de ser humanos y andamos por ahí divagando en analogías y metáforas que nos alimentan la falsa racionalidad y las tangibles utopías.

El asunto es que le damos mucha importancia al tema de las certezas o queremos saberlo todo o ignorarlo todo, como si el tiempo nos fuera a alcanzar digo yo… Hay verdades que sirven, que nos despiertan, que nos alientan y hay mentiras que nos salvan la vida, o nos nacen la vida… el viejito pascuero, el día de los enamorados, las celebraciones en cada nación de su “independencia” cuando cada vez la tierra es de cualquiera menos de sus habitantes, cuando es más… el habitante es de la tierra, no nosotros dueños de ella. La mentira de Dios y del Diablo, mentira que sirve a mucha gente por las noches cuando se persigna para que una fuerza divina los acompañe y no les permita rendirse a otro mentiroso con tridentes y juergas de rock and roll, cocaína, heroína, prostitutas que sí dicen la verdad y monjas que rezan mentiras.

Pero nadie dice que sea malo, nosotros somos los exagerados, desde el origen de los tiempos que andamos exagerando y mintiendo, si a la gente le gusta mentir porque se cree cuentos que le alivianan la carga. Que Adán y Eva y la manzana y la culebra…. y la manzana de Einstein y la teoría del Big-Bang y la mortalidad de la muerte o la vida misma de la vida, cuando anda tanto muerto viviente y tantos muertos que aún caminan. Nos gusta basar los principios de la humanidad en castigar al mentiroso y glorificar al verdadero, cuando Jesús podría haber sido un perfecto lunático y Judas no más… un hombre sincero, y también, el amor puede ser una muy buena mentira y el rencor una verdad desagradable… el asunto es que nos dejemos de pavadas, nos afirmemos los cojones y nos mintamos el coraje, que no basta con saber si en el cuento de Pinocho se aprendió la moraleja, pues la gente va a seguir mintiendo… somos nosotros los que debemos aprender a aceptarla como parte de la esencia, de la ciencia y también de la consciencia.

¿Que madre no ha mentido a su hijo cuando pregunta si todo estará bien bajo una tormenta de sinsabores y fracasos en la vida? ¿Que padre no ha mentido diciendo que siempre tendrán pan en la mesa y caliente la comida? ¿Que hijo no ha mentido diciendo madre, si no estás tan vieja? y en la cama señores ¿Quien no ha mentido… te amo, no soy casado o me estoy cuidando… tu dale y juega?

La mentira señores es la única que no nos miente, siempre sabemos que hay entre líneas, bajo el manto lo que se esconde, si somos dueños de nuestras mentiras seremos al menos… mentiras honestas y con la verdad… con la verdad, no se que cosa, ¿como saber con acierto cuando algo es cierto?… si apenas sabemos cuantos segundos tiene un minuto y toda esa mentira del paso del tiempo… alomejor estamos sinceramente retrocediendo, y los relojes antes andaban al revés y la reversa era el derecho… Derecho… ahí esta la cuestión del asunto… el derecho que todos tienen a creerse o no creerse el cuento… de que si esto es mentira o verdad… no importa tanto como si importa el andar contento.

Y no me vengan con esa dicha existencialista o extremista y realista de la importancia de la verdad y lo correcto, que hasta Jesús mintió en la cruz porque después… igual resucitó de entre los muertos… que Satanás se viste de malo y miente cuando dice que el pecador se va al infierno, porque el infierno… está acá arriba señores! entre el cielo y el subsuelo, donde todavía hay gente que cree o en el Blanco o en el Negro y se le olvida al tonto el Tinto!!… la mejor mentira que inventó Dios… pa’ beber cada domingo con el permiso de los santos y los buenos…

Y no me venga con que eso es mentira!!
                                      Porque mentir no es ningún juego
                                                                         Y si tiene algo que rebatirme… Le reitero.

El autor de este escrito no se encuentra disponible, sus palabras serán notificadas cuando vuelva a ser sincero, gracias por preferirnos y dejarnos mentirle…
Atte La Compañía… de Mentirosos y Verdaderos.

Curanipe… Tierra de Sol y de Sal


Curanipe, no puedo comenzar escribiendo este artículo con otra palabra que no sea esa…
Un pueblo mágico de olas brillantes, donde la pesca y el mar se hacen cargo de limpiar, tanta adversidad y tanta tristeza, dicen que la sal de mar, saca las malas vibras… y no es metáfora, al parecer…
Vivir en soledad durante casi cinco meses, la primera aventura de ser psicóloga y la aventura personal de encontrar allí, una de las tantas piezas que me componen, fue un regalo que hasta hoy recuerdo y no cambiaría por nada todo lo experimentado ahí… La gente siempre dispuesta a brindar una taza de té, pacientes que son el reflejo, de muchas veces, nuestros propios miedos, a caer, a desfallecer… a necesitar algo más… que a nosotros mismos… encontrarse a diario con esas cosas que como se dice: “a cualquiera le pueden pasar”… estados mentales que responden a mi parecer a una “enfermedad” social…. El miedo a la libertad, el amor que anda escaso y el escuchar todo lo que hay afuera, en vez de partir, por escuchar lo que tenemos dentro…
No puedo dejar de mencionar, a personas importantes, pacientes que hicieron de juegos de naipes, sesiones de aprendizaje mutuo e intensos debates filosóficos, niñas que fueron espejos, el verme hace años, con ese miedo a dejar los brazos de mamá, el mismo miedo que tengo ahora, a pesar de lo lejos que siempre parto, para buscarme en donde sea que esté y cobijarme en muchas ocasiones, bajo mis propios brazos… Gente del trabajo, que me enseñó lecciones de vida, jóvenes profesionales aventureros, que se vinieron por amor o desamor, y que mal que mal, terminaron enamorándose, como yo… de este maravilloso pueblo… señoras amigas de los negocios, que me esperaban con el infaltable tomate, la palta madura y el tarro de atún… mi perro adoptado Ares, el rubio que corría al viento cada puesta de sol que yo aprovechaba para escribir…
No es casualidad haber terminado ahí una etapa universitaria tan importante, creo que es causalidad, dada mi libertaria y aventurera personalidad, en una de las zonas más devastadas por el terremoto, donde aún existen personas sin hogar, donde el temor se hizo parte de muchos, donde el estrés post traumático, está haciendo su entrada triunfal… donde las olas borraron muchas huellas importantes, donde la pesca, actividad riesgosa, pone a valientes hombres madrugada a madrugada a danzar peligrosamente con la mar, un pacto de vaivenes, de mareas y mareos… de dar y quitar… en dónde algunas vidas, fueron tomadas por recompensa… cuando como aprendí… la mar se pone celosa…
Tantos poblados alejados bajo bosques hermosos y ríos mágicos en donde la agricultura cumple el fiel concepto de ser pacha mama, cuantas comidas de las que fui testigo, en las que directamente de la tierra sacamos los frutos o hicimos el pan… cuantas familias, aclanadas, como casi ya no existe en la ciudad, cuantas comunidades, campamentos, aldeas, en donde aún existe preocupación y ocupación por el prójimo… cuantas niñas de un hermoso hogar, me conquistaron con esa esperanza que como adultos muchas veces ya hemos perdido…
Cada día que pasé, cada persona que conocí, desde aquellos compañeros de asiento que nunca más vi, la señora cocinera de Cardonal, que me enseñó sutilmente a estrangular pollos, la niña rastafari con dos hijos a cuestas y apenas 17 años, el taxista que me hacía tours por los pueblos, los pueblos… que a raíz de mis equivocaciones conocí, cada vez que tomé el bus equivocado, terminales en los que siempre hubo gratas compañías, ancianitas que me brindaron horas de espera con charlas cargadas de enseñanza, la simpleza de los cafés de todas las mañanas en Pelluhue, en el famoso quiosco rojo donde nunca faltó mi estimada amiga ni el pan con queso que amenizaba cada conversación, amigos de la pesca, que me narraron historias de toda la magia que se vive mar adentro, del esfuerzo de dormirse en la mar, llueva, truene o relampaguee… y la misma satisfacción que yo sentía cada cierto tiempo… cada vez que como ellos, regresaba sana y salva… a mi hogar…
Ahora sólo puedo recordar esas historias, la despedida hermosa que tuve de esa zona de playas rebeldes como yo, con gigantes de piedra que disfrazan con su aspereza, la calidez y suavidad de ese pueblo y su gente… la simpleza que me contagió el mar y la arena, los pájaros atrevidos, las olas insolentes, la fluidez de la mar…
No diré que fui, la mejor psicóloga del pueblo ni del mundo, que tuve éxito en todo lo que hice, ni pretendo un galardón ni un nobel de lo que sea por haber estado allá… porque creo más que nada… que me hice, más… de lo que hice… que como diría un buen pedagogo Paulo Freire… lo que hice lo fui haciendo a medida que me fui haciendo y deshaciendo en ese lugar…
Sin las noches de desvelo, las frustraciones propias del trabajo de psicólogo, las mañanas de somnolencia, los temores internos, las intoxicaciones varias que viví, los grandes compañeros de quienes pude aprender mucho y aquí me refiero a psicólogos, asistentes sociales, médicos, nutricionistas, odontólogos, kinesiólogos, secretarias y choferes que desde su área y quizás sin darse cuenta de mi atenta mirada… me entregaron grandes enseñanzas…
Sólo me queda esperar… volver algún día a visitar dicho lugar, que fue para mí un pequeño paraíso, recordar la brisa de las mañanas y ese intenso azul de mi amigo y compañero mar…
Y si… es verdad… he regresado sana y salva a mis tierras también de campo lejos de la costa… pero hay espacios allá que sin querer hice tan míos… que ahora la nostalgia… y el amén… es para ustedes… para que siempre estén bajo un manto de buenas energías, para que alguna vez… algún día… pueda ojalá… volver a darles un buenos días… como tantas veces sucedió en los distintos espacios del pueblo y del consultorio que fue mi hogar…
Mi viaje a esa hermosa playa se acabó hace casi un mes… y evidentemente encontré allí lo que de mi andaba buscando, la poesía renovada y un gran aprendizaje… es decir, el viaje me hizo más de lo que yo a él… y no puedo menos que regalar este escrito… a cada uno de ustedes que fueron importantes compañeros en diferente medida, en esta aventura…
No acostumbro poner nombres… ustedes ya están escritos y descritos en cada línea de este humilde texto… mis mejores deseos para ustedes y mi agradecimiento profundo y amical…
Lo hago público y lo subo a mi columna… porque creo… y espero… que ojalá muchos sepan… no lo que yo viví… pero si… lo que es capaz de hacer un viaje y la gente maravillosa que como yo, todos van encontrando en el camino…
Es capaz de lograr… con simpleza y sencillez… el bien hoy en día más preciado, más mercantilizado y más tergiversado de la sociedad…
La Felicidad… que allá en Curanipe está hecha de estas personas… La memorable puesta de sol… y las olas… que como yo… viene y van… y de un bote en particular… que hice mi compañero de escritos y que como me dijeron por ahí, me define en su totalidad… un pedazo de madera, raído y curtido por las mareas que no se deja vencer y se hace llamar… “Voy y Vuelvo”… frase con la que no me despido sino os digo… hasta pronto Curanipe, hermosa tierra de sol y de sal.

La Felicidad: Más allá de las circunstancias


 

“Podemos ser circunstancias que se encuentran en el camino, podemos ser caminos encontrados en alguna circunstancia o podemos hacer ruta, elegir nuestros caminos y en vez de ir creyendo ir creando circunstancias”

Quiero salir caminando por ahí y encontrarme con mis circunstancias, cara a cara… sin máscaras, ni retrasos, ni perdones, ni agradecimientos, las dos desnudas de frente… y devolverle algunos harapos con que me viste y desviste, que ya los he usado el tiempo suficiente; también devolverle algunas cosas, como el rencor, la cobardía y el temor por sobre todo, también la envidia y la prepotencia, toda esa inseguridad e indecisión que brotan de los ojos brillosos a punto de regar ríos de lágrimas y también… incluso… algunas avergonzadas risas y cosquillas.

No ha de ser fácil – como decían – hacerse adulto, no por el trabajo, ni los hijos, ni las responsabilidades de pagar cuentas o ganarse la vida para así poder costearse la muerte, sino porque me ando dando cuenta de lo dificultoso que trae consigo la libertad, una idea y pensamiento albergado por tantos años de niñez y adolescencia en los que se ve como un concepto fácil e incluso intangible, como si se tratara de una cosa esotérica, superflua, utópica o irreal.

Ser libres para decidir… y si lo pienso, me jode… el abanico de posibilidades existentes y tanta idea revolucionaria o conservadora o contemporánea o postmodernista con que cada día me tropiezo… y así como somos libres de pensar cualquier cosa todos son libres de querer convencernos de lo contrario, todos son libres de herirnos o de sentirse heridos por nosotros, libres de mentirnos o dejarse engañar, libres de abandonarnos o contenernos, de querernos u odiarnos, de abrazarnos o de darnos su afecto o desagrado de las maneras más diversas que puedan existir…

Ser libre es dejar ser libre al mundo entero y comenzar a caminar a pie descalzo por un mundo escrito con líneas invisibles que a cada instante pueden variar… Ser libre es escupir al cielo y luego esperar a que nos caiga, es afirmar con grito y llanto algo y luego quizás retractarse… es soñar y creer que los sueños se hacen reales o soñar y decir que los sueños sólo sueños son… Ser libre es lo que cada uno quiera o pueda concebir de acuerdo a sus circunstancias…

Circunstancias que por lo demás no cesan, desde el parto doloroso e incluso antes (cuando nos eligen además del nombre, el derecho o no a nacer…) hasta el cajón en que nos iremos a la tumba (se supone a descansar) circunstancias algunas merecidas (buenas y malas) otras por herencia (familia, enfermedades, carácter) otras infranqueables (destino, karma, el peso de la ley, entre tantas) y algunas por las que pasamos sin saber por qué, ni para qué y que nos enredan el enredo ya más grande que tenemos llamado existencia.

La palabra, fiel discípula de la circunstancia, el acto y su omisión, manifestaciones de ésta también… todos escuderos y guerreros en fila de una lucha diaria que se da en el proceso del autodescubrimiento. En ese momento en que nos vemos reflejados en los defectos con los que castigamos a otros, en esas virtudes que vemos en otros y queremos para nuestra propiedad, en la duda, abogado del diablo de la circunstancia, en la culpa y en la excusa, chivos expiatorios de la humanidad.

Poco debe entenderse la mezcla de conceptos que redacto o quizás sea demasiado simple para transformarse en un texto predilecto, no obstante… a raíz del análisis de mis propias circunstancias y las de algunos casos cercanos que conozco… Creo que me he dado cuenta de una triste realidad… El ser humano anhela ser feliz… pero cuando lo consigue no sabe qué hacer con ello.

La felicidad no es cosa fácil, andar riendo por la vida, dando gracias por todo, siempre con la mejor disposición y viendo el lado positivo a cada asunto, con una buena vibra latente y brillante que ilumine a todo ser de luz y de sombra también… Es mucho más fácil la queja, la dificultad de los tiempos de hoy, el maldito debate sobre ideas que poco importan, echarse la culpa entre todos y tomarse unos copetes o fumarse unos pitos o comer grasa y chocolates o simplemente empastillarse y dormir para no ponerse a ser feliz… y despertar mañana con más energía para echar chuchás.

Para culpar a nuestros abuelos por haber criado mal a nuestros padres quienes por haber nacido en dictadura (del lado que haya sido al que apoyen) sean unos reprimidos o represores que nos han criado o con todo o con nada, o muy fuerte o muy dócil, para luego nosotros no saber qué hacer con dicho ejemplo y peor aún, con los amigos y enemigos que nos gastamos no hay abasto para recoger todas las quejas, además de la culpa que tienen los novios y los ex novios por los traumas generados o que hoy en día la televisión nos vende un mundo consumista y capitalista, y por el otro lado las religiones nos hablan o de utopías o de cosas que a la gente le importan un carajo y además de esto queremos que todos sean iguales pero cuando nos encontramos con un “igual” nos sentimos violentados en nuestra autonomía y autenticidad.

Así también nos molesta que hayan pobres, pero no movemos el culo de donde estamos para ayudar a uno si quiera de ellos, que nos enojamos porque hay gente rica, pero igual somos chaqueteros cuando nos topamos con uno o aspiramos esa misma riqueza material de un espíritu tan pobre, también odiamos a los políticos pero al igual que ellos “sólo hacemos revolución con palabras” y para más colmo, cuando vemos a gente que realmente lo hace, o los criticamos o lo minimizamos por la envidia que genera el no tener aún los cojones para atreverse a caminar para cualquier lado menos para el que dicen todos menos uno, el más importante, el propio self… es decir, uno mismo.

Porque finalmente y últimamente… creo que sólo sabemos culpar a nuestras circunstancias porque no tenemos el coraje de mirarnos al espejo y preguntarnos quienes somos en vez de… por qué somos, buscar para qué estamos en vez de… para qué están o no están los otros y dónde está nuestra felicidad en vez de… dónde están nuestras tristezas…

Porque parece gustarnos más lo fácil, lo doloroso y lo incontrolable para así culpar a las circunstancias y no a nuestra capacidad de tomar decisiones y asumir responsabilidades, andamos huyendo de lo verdaderamente difícil… salir a la calle a hacer revolución pero habiendo antes hecho una revolución interna desde la propia existencia y no volver a permitir nunca más… que sea más sencillo reunirse a discutir y a buscar problemas, que reunirse a ser felices y encontrarle solución a este mundo tan repleto de circunstancias circunscritas a una circularidad que nos tiene bastante ocupados buscando motivos, palabras, conceptos e ideas que nos ayuden a complicarnos la vida…

Que hoy en día pareciera que hay que estar mal para tener de que hablar…

Porque cuando estamos bien a nadie (ni a nosotros) le importa…

Y eso… no es culpa de nadie más que de cada quien y de los valores éticos y morales que nos hemos comprado con VISA MASTERCARD REDCOMPRA Y CHEQUES SIN FONDO…

Porque así me parece… que hoy en día ya no tenemos fondo…

Porque como raza… simplemente no podemos caer más bajo.

Leer: ¿cuestión de niños?


 

Cuando era chica recuerdo haber vivido en un mundo paralelo, no sólo yo, sino varios de mis amigos y compañeros de aventuras. Jugábamos en la calle a la escondida, al pillo, a saltar la cuerda y todo lo íbamos mezclando con un sinfín de aventuras y fantasías que sacábamos de nuestra inagotable imaginación.

La tele la veía a ciertas horas, no daban monitos todo el día por ende había mucho tiempo libre. Internet para mí era una cosa extraña, más o menos a mis 12 años vine a oír esa palabra y no entendí nada al respecto, pensaba que era un CD como cualquier otro con alguna cosa extraña dentro. Los celulares en esos tiempos eran gigantes bloques de cemento que servían para dos cosas nada más, para hablar y usar como ladrillos.

En fin… hace no más de 10 años gozábamos del privilegio – a mi gusto – de tener un escaso desarrollo tecnológico, lo que nos obligó como generación a entretenernos desarrollando algo mucho mejor, nuestra imaginación; proceso para el cual la mejor compañía fueron siempre los libros, cuentos, comics, entre otros… Es cosa de pensar en Mafalda y recordar su lectura… cada vez concuerdo más con su idea de apagar la tele y parar un poco el mundo que nos queremos bajar.

Investigando por ahí me he encontrado con los resultados de un estudio realizado el pasado año por la UNESCO, en donde nuestro país, si bien es una nación que lee bastante se hace acreedor de las cifras más bajas en cuanto a lectura por gusto o placer, con apenas el 7% de los casos, siendo superados por Perú, Brasil, Argentina, entre muchos otros.

Lo curioso es que lo negativo de la cifra no me parece precisamente asombroso, somos un país que suele cometer ese tipo de errores, asociando variadas actividades nutritivas para el desarrollo integral, a una mera obligación o deber. Leemos porque el trabajo o los estudios lo indican, hacemos deporte y comemos sano para bajar de peso, rezamos para pedir favores, no para dar gracias y así con muchas cosas que debiesen estar en la vereda del frente, en un lugar de hábito y en donde se haga uso constante de los privilegios de actividades que como la lectura, siempre dejan un saldo positivo.

Es por ello que no me sorprende el hecho de que hoy en día exista una baja comprensión lectora en los jóvenes que se están educando y por ende bajos resultados en las diversas pruebas de medición que tan importantes son para algunos, no obstante, el asunto va mucho más allá. Pues “entender” es un proceso que se potencia a través de la lectura, porque siempre estamos “leyendo” nuestro entorno, nuestro cerebro lee las situaciones cotidianas, los problemas, las conversaciones y no sólo los libros, generando así, algo llamado aprendizaje significativo, desarrollando nuestra creatividad e imaginación y aumentando nuestras estrategias de resolución.

Ya lo decía Vigotsky, al mencionar el uso de la imaginación como la herramienta que permite un enlace entre el mundo real y las emociones, siendo ésta una base para la búsqueda de respuestas y soluciones ante cada experiencia que nos toque vivir, imaginación que puede fluir libremente cada vez que en vez de abrir sesión en nuestro computador, optamos por abrir un buen libro… Pues ya está claro que leer… ha dejado de ser cuestión de niños.

La Creencia en la Carencia


 

Tengo un pequeño paciente que roba y la verdad no le había puesto atención a su frase “Es que mire tía que poquitos lápices tengo” hasta que me tocó vivir algo un tanto similar.

Me fui a un fin de semana de descanso, sin mucho dinero pero me debería haber alcanzado de no ser por algunos contratiempos, entonces todo terminó en unos días de carencia. Caminar hacia un balneario durante 6 horas porque no teníamos como pagar el taxi, tener que irnos de un bar porque no nos alcanzaba ni para un vaso de agua, despertar tarde para no gastar en desayuno, incluso pensar en fugarnos de la hostal para no pagar la cuenta. Yo me reía, era una anécdota para mí, aunque pude notar que a mi acompañante le daba vergüenza pedirme dinero prestado. ¡Qué locura pensaba yo! ¿Por qué avergonzarse?

En la semana me fui de happy hour con mis colegas y se me pasó la micro para llegar a casa, entonces me vi en la situación de gastar todo mi dinero en un taxi que apenas me dejó a mitad de camino, teniendo que hacer un trekking nocturno de casi dos horas para volver a mi apacible hogar. Para colmo de todo, al día siguiente llegando al trabajo me doy cuenta de que andaba sin la billetera y me quedé con el dinero justo para los pasajes y precisamente en ese momento, me piden una cuota para pagar un desayuno de cierre de semestre, acabando no sólo con mis finanzas, sino también con mis cansadas piernas, que por aquel desayuno, caminaron de regreso una inimaginable eternidad.

Entonces entendí lo mal que estamos hoy por hoy, la caudalosa injusticia, la errada creencia que tenemos respecto a las carencias, como si fuese algo que nos buscamos, como si fuese algo que pasa allá en un lugar muy lejano a nuestra vida, como si nunca nos fuera a tocar. Debo reconocer, que entendí la vergüenza, el pensar en pedirle dinero a mis colegas que recién vengo conociendo me atormentó, entendí la vergüenza de mi acompañante de viaje, la vergüenza de mi pequeño paciente cuando no tiene para comprar colación, para llevar el pan por las tardes a su casa, cuando no tiene lápices para hacer sus tareas, cuando recibe burlas, retos, insultos, lástima y discriminación por pedir algo prestado, exponiendo en ese instante su necesidad, desnudando su realidad cotidiana.

Para mí fue cosa de unos días de “mala suerte” pero para tantos otros, como mi pequeño paciente es una realidad y entonces me pregunto ¿Qué sucede, que pareciera ser más fácil robar? ¿Será que en el robo nadie se entera, nadie nos mira feo y muchas veces no nos atrapan? ¿Logrando de ese modo esconder una dolorosa realidad, que es como una espina que día a día no logramos desenterrar?

¿Qué estamos haciendo como colegios, como hogares, como cultura y sociedad? Estamos educando para no robar, pero ¿Y qué pasa con el compartir? ¿Con la empatía y la confianza? ¿Permitimos que los niños conozcan otras realidades y que conecten con ellas? ¿Premiamos la solidaridad o sólo castigamos el robo, la violencia, las desgracias?

Mi pequeño esta semana no robó nada a sus compañeros, la terapia de economía de fichas está dando resultado y yo… ya recuperé mis finanzas, sin embargo, he cambiado por completo mi foco y enfoque terapéutico… porque en realidad yo no quiero que mi paciente solamente deje de robar, quiero que se sienta seguro, protegido y apoyado por su entorno, que tenga oportunidades y una educación basada más que en resultados, en ficticios, en resiliencia y realidades cercanas, que no se sienta menos por no “tener más” y que todos ayudemos a que hoy por hoy le tengamos menos vergüenza a pedir que a robar.