HABLEMOS DE TEATRO EN GUINEA ECUATORIAL

Hablar de teatro en Guinea Ecuatorial es hablar de un sueño, una ilusión cuyo horizonte no es imposible de visualizar pero que al día de hoy, queda muy lejos de la vista de quienes dan vida a estas otras vidas de los personajes en el escenario.

En general, en Guinea Ecuatorial, nadie vive del arte. El teatro, entendido como disciplina artística, no iba a ser la excepción.

En la década de los noventa, la política cultural del entonces Centro Cultural Hispano Guineano (CCHG), en marcada dentro de la cooperación entre los gobiernos ecuatoguineano y español, favoreció la proliferación de muchas compañías teatrales y por consiguiente, de bastantes actores y directores de escena, mayoritariamente. Pero, a nivel estatal, no se trabajó para crear una estructura artístico-teatral sólida.

Gubernamentalmente faltaron iniciativas que permitiesen introducir esta disciplina en los centros y colegios académicos. A nivel privado, tan poco surgieron iniciativas como las de crear escuelas o academias de teatro. Esta última situación se debió a la escasa o nula formación de personas que pudieren dedicarse a la enseñanza de ninguna de las áreas del teatro. Todo estaba reducido al Centro Cultural Español y francés. Cada Centro tenía su propio profesor, persona formada en la materia, que ejercía a la vez de animador cultural del centro en cuestión y de director artístico del grupo teatral de dicho Centro.

Desde un principio, la política del Centro Francés fue restringida al resto de las compañías teatrales nacionales por lo que, éstos contaban como único escenario el CCHG. Nunca existieron las subvenciones. Las pequeñas compañías que funcionaban más como grupo o asociación que como compañías de teatro, se financiaban con pequeñas cuotas de sus integrantes y la ayuda, a veces de algún familiar o simpatizante. Por regla general, no se repetía función. Tantas funciones se hacían como obras se estrenaban al año. Fueron tiempos de gran creatividad. Y el CCHG los incentivaba con unos pequeños Francos que parecían gran cosa.

Pese a las dificultades y deficiencias, en la sociedad se vivía un gran ambiente artístico-teatral, pero, a finales de los noventa, la cosa comenzó a cambiar. Algo se había movido no sólo en el engranaje de la Cooperación Hispano Guineana, en materia de cultura, si no que muchos de los mejores actores y directores abandonaron el país. Si a esto le sumamos el giro brusco de la programación del Centro de referencia artística nacional, el CCHG, motivado más por razones políticas que artístico-culturales más la ausencia total de una infraestructura nacional que pudiere suplir las carencias del dicho Centro Cultural, acabaron con la poca calidad artística teatral que ya existía y de nuevo el teatro nacional entró en declive.

Los pocos actores y directores que se quedaron en el país y decidieron no abandonar, las pasaron canutas para poder volver a levantar el vuelo. A diferencia de la década de los noventa en la que se llegaron a contar al menos, unas quince compañías teatrales reconocidas en la capital, Malabo, hoy, prácticamente se habla de una sola, Bocamandja, cofundada en 2005. Digamos que es una confluencia de varios pequeños grupos, y del Ballet Nacional Ceiba que, como indica su nombre, su labor fundamental es la creación de números de bailes basados en las distintas danzas típicas del país. El Ballet está integrado por una mezcla de los mejores y unos muchos acompañantes bailarines y coreógrafos nacionales. Estos por lo general, tienen un salario mensual asignado, pero sé de muy buena fuente, que no siempre reciben lo que deberían y se los dan con retraso.

Nos queda mucho camino por recorrer al respecto, mucho que aprender de nuestros países vecinos y, bastante voluntad por parte de todos, actores, directores y gobierno si algún día queremos dejar de soñar para disfrutar del teatro de verdad.

En próximos números hablaremos de las carencias estructurales.

Liki Loribo Apo.

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